"Operación Minos"
Hans dormía relajadamente en su catre, tapado con una pequeña y raída manta, cuando recibió la llamada. Por impulso, agarró el móvil y pulsó la opción de contestar.
-¿Quién es?-preguntó con voz ronca.
-Andy-respondió el científico al otro lado de la línea-. ¿Recuerdas que tenía una misión para ti? Puedes darla por empezada.
-¿En qué consiste?
Mientras hablaba, sujetando el móvil entre la oreja y su hombro, comenzó a calzarse las botas.
-Necesito que tú y todos los que consigas de tu banda vengan a Pandora. Dentro de poco va a comenzar una guerra importante y os necesito aquí.
-¿Una guerra? No he oído nada en las noticias...
-Eso es lo de menos. Tú prepara un pequeño ejército y ven a las coordenadas que te estoy mandando en este mismo momento.
Andy colgó sin molestarse en dar más explicaciones, y el mercenario, aún a medio vestir, despego el teléfono de su oreja para ver el pequeño mapa de Alemania que el otro le había mandado.
Tras terminar de calzarse las botas, salió al pasillo, llamando con fuerza a la puerta adyacente. Tras un momento, Rashiid la abrió con la camiseta a medio poner.
-¿Qué sucede?-preguntó, colocándosela del todo.
-Despierta a todo el mundo. Nos vamos.
El soldado asintió con la cabeza y, rápido como solamente él era, salió por uno de los corredores llamando a todas las puertas. Hans, por su parte, volvió a su cuarto y sacó una de sus jeringuillas, guardándola en uno de sus bolsillos. Después, con pasos rápidos, salió al exterior, donde varios mercenarios habían comenzado a aglomerarse.
-¿Qué sucede?-preguntó uno de ellos-. Rashiid nos ha dicho que nos reunamos aquí, pero no nos ha dicho para qué.
Hans esperó a que todos estuviesen reunidos para hablar, alzando la voz para hacerse oír por encima de las del resto.
-Nos trasladamos para cumplir una misión-anunció al fin-. No sé de qué se trata, solamente sé que debemos dirigirnos a la antigua Alemania, y que debemos ir bien armados.
Los hombres asintieron con la cabeza y volvieron a entrar en la base, saliendo al poco con todas las armas que tenían. En aquel justo momento, Marik y Shamira se acercaron a él.
-Queremos ir-anunció él con gesto serio.
-Ni de broma-respondió el mercenario-. Vosotros os quedaréis aquí con las esposas e hijos de mis hombres. El frente no es lugar para jóvenes como vosotros.
-Nos da igual lo que digas-intervino Shamira-. Vamos a ir. Ambos sabemos usar armas, al menos las más básicas, y tenemos buena puntería. Hemos estado practicando con Rashiid en el bosque.
El árabe, surgido de la nada, asintió con la cabeza.
-Dicen la verdad. Ambos son buenos tiradores.
Hans le dedicó una breve mirada de enfado.
-Sigo negándome. No voy a arriesgar vuestras vidas. Y respecto a ti-continuó, mirando al otro mercenario-, tampoco vendrás en esta misión. Si no vuelvo, quiero que tú seas mi sucesor, y por tanto no puedo permitir que mueras.
Los tres negaron con la cabeza.
-Iremos-anunció Rashiid, poniéndose especialmente serio-. No importa cuánto insistas. Sabemos que somos importantes para ti, pero tienes que entender una cosa.
-Tú también eres importante para nosotros-continuó el joven, viendo que el mercenario se quedaba atascado-. Si vas y mueres y nosotros sobrevivimos, sabiendo que pudimos evitarlo...
El mercenario se quedó callado, mirando alternativamente a los tres.
-Está bien-suspiró al fin-. Pero vendréis conmigo y os tendré vigilados en todo momento. Al menos así es remotamente posible que salgáis vivos de esta.
Los tres asintieron con la cabeza, formando como militares.
-Iré a por las armas-anunció Shamira, entrando en el búnquer. Marik la siguió, dispuesto a compartir el peso.
Rashiid se quedó allí, mirando fijamente a Hans.
-Soy tan soldado como puedas serlo tú-afirmó al fin, pensando bien lo que decía-, y puedo luchar tan bien como tú lo hagas. Esos dos niños te adoran, y si no estuviera seguro de que pueden ayudarte, me negaría en redondo a que viniesen.
El mercenario se mordió el labio inferior.
-No quiero que os pase nada-afirmó al fin, agachando la cabeza para ocultar que estaba sonrojándose-. Si no puedo protegerles, encárgate tú de que sobrevivan.
Rashiid no pudo evitar sonreír.
-Daré mi vida si es necesario para que esos dos salgan con vida-susurró al fin-. Pero, de todas formas, procura sobrevivir. No me gusta nada la idea de ser el jefe.
Lentamente, los últimos mercenarios habían salido de la base, y sus familias estaban allí para despedirse. Con paso rápido pero sigiloso, el pequeño ejército comenzó su marcha hacia Alemania, liderado por los cuatro.
Por segunda vez, su móvil sonó y Andy estaba al otro lado.
-Supongo que ya habrás comenzado a movilizar tus tropas. Esto es la operación Minos, y vuestro objetivo es hacer caer la fortaleza flotante.
-¿Fortaleza flotante?-preguntó él, frunciendo el ceño-. ¿Te refieres a la Sacra Urbe?
-¿No tienes una televisión cerca? Da igual. Digamos que Pandora ya no es tan secreta, y necesito que tú y tus hombres la hagáis caer.
-Haremos todo lo posible. ¿Hay guerreros en ella?
-Cincuenta angelus armados con pistolas, rifles y similares-contestó Andy-. Pero no te preocupes, tendréis refuerzos. Me pondré en contacto con vosotros para daros las órdenes pertinentes.
Y, con las mismas, terminó la conversación.
-Bien, nuestra misión es hacer caer Pandora-anunció Hans, haciéndose oír por sus hombres-. Para los que no lo sepáis, Pandora ha sido durante los últimos diez años la base secreta en la que breakers y tailors se han escondido del resto del mundo mientras buscaban a la portadora del gen original.
-¿Y quién nos ha contratado? ¿Un país rival?-preguntó uno de los mercenarios a gritos.
-No, uno de sus habitantes-respondió él-. Yo tampoco lo entiendo muy bien, pero confío en este cliente y cumpliremos con la operación Minos.
-¿Y qué demonios es “Minos”?-preguntó Rashiid en voz baja.
Marik se acercó a ellos.
-Minos era uno de los jueces del Inframundo-explicó. Ante las miradas interrogantes de ambos mercenarios, se encogió de hombros-. Nos obligaban a leer obras complejas de la literatura clásica, entre otras tantas cosas.
-También hablamos varios idiomas-añadió Shamira-. Lo que está claro es que somos los jueces, aunque no tengamos claro qué estamos juzgando.
Todos asintieron.
Hans abrió el teléfono, marcando el botón de rellamada.
-Ya estamos donde nos dijiste-anunció el mercenario-, pero aquí no hay ninguna fortaleza voladora, solamente un agujero enorme en la roca. ¿Qué ha sucedido?
Andy masculló algo, dirigiéndose a la pantalla de su ordenador, antes de responder.
-Sí, no he podido avisarte. La ciudad ya ha caído, pero aún está ocupada por los angelus-explicó-. En cualquier caso, llegáis justo a tiempo.
-¿A tiempo para qué?
-Uriel y Karolina están ahí, luchando por conquistar Pandora, y los soldados del ejército indio están cayendo como moscas.
-Y quieres que les ayudemos-terminó Hans-. Bien, creo que me hago una idea de cómo es el terreno. Desplegaré mis tropas y prestaremos apoyo a...
-Espera, ¡no cuelgues!-gritó el peliblanco-. Esos angelus llevan armas de fuego muy avanzadas, no es algo que se haya visto antes en la Tierra. Piensa bien tu estrategia antes de mandar a tus hombres a la muerte.
El mercenario cerró el teléfono y cerró los ojos un par de segundos, reflexionando.
-Está bien-murmuró al fin-. A tomar por saco, no podemos perder más tiempo. Lewis, Mahl, Julio: vosotros seréis mis comandantes. Encended vuestros transmisores y dividid el resto de las tropas a partes iguales. Rashiid, Marik, Shamira: vosotros venís conmigo. Nos adelantaremos y comenzaremos la ofensiva desde el frente. Los demás avanzad y esperad mis órdenes.
Con paso militar, los cuatro comenzaron su marcha a través del bosque. Pronto se pudieron oír los disparos, y un par de minutos después los restos de la ciudad se alzaban frente a ellos.
Hans analizó rápidamente el terreno con el ojo de un soldado experto, buscando puntos débiles.
-Julio: avanza por el flanco izquierdo; Mahl, vosotros les serviréis de refuerzo. Lewis, tú cúbrenos la retaguardia-gritó a través del móvil antes de guardarlo de nuevo-. Y vosotros tres vais detrás de mí, por si las moscas.
-Hans...
-¡No hay nada que discutir!-cortó él violentamente-. Todos detrás de mí, y punto.
El mercenario desenfundó la metralleta e introdujo los cargadores, apuntando al frente. Un ángel que apareció entre los restos del anillo externo recibió más de quince balas en el pecho que, a pesar de todo, no parecieron afectarle. Guiado por la trayectoria de las balas, el hombre les encontró y preparó su arma.
-¡Retroceded!-gritó Hans.
Sin embargo, Rashiid se adelantó y lanzó algo por los aires. Las balas del ángel se redujeron a polvo en el aire.
-Escudos de energía portátiles de un solo uso-explicó-. Cuestan un pastón, por si te lo estabas preguntando, pero son muy útiles.
Hans enarcó una ceja, sorprendido por un instante, antes de girarse de nuevo y vaciar el resto del cargador contra el hombre que, por fin, calló al suelo muerto.
-Si vamos a tener que matar a todos así, nos va a llevar bastante-avisó Marik, disparando a una mujer que aparecía para cubrir el puesto del caído.
-Tendremos que adelantar las cosas...-murmuró Hans, mordiéndose el labio inferior.
Sin embargo, al ver una bala cruzar el aire y clavarse a escasos centímetros de la cabeza se Shamira terminó de decidirse. Con gesto firme, sacó la jeringuilla del bolsillo y se la clavó directamente en la vena del brazo.
-¿Qué es eso?-preguntó Marik, frunciendo el ceño.
-La droga del soldado...-murmuró Rashiid, boquiabierto-. ¿Cómo se te ocurre tomar eso?
Hans apartó la mirada y tiró los restos dentro de un arbusto, sacando un pequeño cuchillo de la funda. Con movimientos rápidos, saltó los arbustos y corrió por los restos de la ciudad.
-¿Qué es esa droga?-insistió el joven, mirando al árabe.
-Una droga creada para los soldados humanos-explicó él-. Aumenta la energía y la fuerza del individuo a corto y medio plazo.
-Pero eso parece positivo...-murmuró Shamira.
-No lo es. Pasado un tiempo, empiezan a quemarse las terminaciones nerviosas, hasta que termina afectando al corazón y al cerebro.
Los tres se quedaron en silencio, incómodos.
-Entonces, ¿por qué...?
-Un humano normal no puede competir con los soldados.e en condiciones normales-explicó Rashiid, adelantándose-. Sin embargo, con esa droga se eliminan los limitadores del cuerpo humano y se aumenta el rendimiento.
-Pero esto no tiene sentido. Podemos enfrentarnos a ellos sin necesidad de drogas...-murmuró Shamira con el ceño fruncido.
-Imposible. Son angelus, un soldado.e no les llega ni a la suela de los zapatos.
-Hans está sacrificando su salud por nosotros-sentenció Marik.
-Entonces nosotros también la tomaremos-se adelantó la joven, buscando la jeringuilla entre los arbustos-. No podemos dejar que luche solo.
Rashiid negó con la cabeza, cerrando los ojos para que no viesen que los tenía vidriosos.
-Esto es una muestra de aprecio-explicó, dándoles la espalda-. Hans conoce los riesgos de la droga del soldado; si la ha tomado es únicamente para protegernos.
-¿Cuántas dosis son necesarias para que sea mortal?-preguntó Shamira antes de empezar a sollozar.
-Depende de la persona, pero treinta es el número máximo que se pueden consumir...
Los tres se quedaron allí en silencio, mirándose mutuamente consternados.
Hans, por su parte, había avanzado ya varias manzanas cuchillo en mano, atravesándole el cuello a cuanto ángel se cruzaba en su camino. De pronto, un proyectil cruzó el aire, golpeándole en el antebrazo.
El mercenario se escondió tras una esquina.
-¿Qué vas a hacer con un cuchillo de nada, humano?-preguntó el renegado, riéndose a carcajadas-. Armas tan anticuadas y vulgares nunca podrán con seres perfectos como nosotros.
-¡Ja!-gritó Hans, arrancándose un trozo de camisa y atándoselo con fuerza para detener la hemorragia-. Esto es un regalito y procede directamente de Abbise. La última generación de dagas que se sacaron antes de que la gentuza como tú tomase el poder.
El mercenario corrió por la calle, esquivando por los pelos una bala y clavando el cuchillo en el pecho del renegado con una sonrisa.
-Chúpate esa, engreído-murmuró.
El mercenario no tuvo tiempo para regodearse. En aquel mismo momento, su corazón terminaba de consumirse. El infarto le golpeó como un puñetazo seco, haciéndole caer redondo al suelo.
Karolina observaba la escena desde detrás del muro de plomo, justo al lado de Uriel.
-Ese maldito Material intenta huir a Abbise-masculló la joven, replegando su aura-. Ishtar está arreglando el transportador de materia.
-¿Puedo hacerte una pregunta?-intervino el renegado-. ¿Por qué siempre te diriges a la portadora como “el Material”? ¿No tiene un nombre como tú?
La joven le miró un momento con el ceño fruncido.
-¿En serio te preguntas algo así en un momento como este?
-Por ahora estamos bloqueados-replicó Uriel, encogiéndose de hombros-. Hasta que no nos abran el camino, no tenemos nada mejor que hacer.
-No conozco su nombre-admitió Karolina-. Conozco el mío, pues me llamó así al desterrarme, pero nadie aparte del Material es capaz de entender el lenguaje arcano.
-Entonces, ¿hubo algo antes del Universo?
-Quizás. Solamente lo oímos un instante nada más nacer, como un eco lejano. Si quieres respuestas, lo mejor que puedes hacer es preguntarle directamente a la portadora.
La joven se puso en pie, hizo desaparecer la espada que empuñaba y observó rápidamente las ruinas de la ciudad antes de comenzar a correr. Uriel la miró un instante, sorprendido, y después echó a correr, siguiéndola por las agrietadas calles.
-Hans y sus mercenarios han hecho un buen trabajo-admitió Karolina sin dejar de correr-. Los pocos angelus que quedan están intentando contenerles, dejándonos un camino perfecto y directo a la sede central.
-Frena un poco. Podría haber alguno cuidando la zona-replicó el otro, deteniéndose en seco.
Frente a ellos, en el suelo, estaba el cuerpo sin vida del mercenario con los ojos abiertos clavados en el cielo, de color gris ceniza.
-Le recuerdo. Le salvamos la vida en Rusia, cuando tú estabas en Abbise-comentó la joven, deteniéndose para comprobarle el pulso-. Puedo “ver” una acumulación de células muertas en el corazón; apostaría por un infarto.
-Es reciente. ¿No puedes hacer nada por él?-preguntó Uriel, agachándose a su lado.
-Yo no puedo crear materia-replicó Karol.
-Pero, las lanzas, la espada, los muros...
-Tienes razón, corrijo: no puedo crear materia viva-terminó-. Este cuerpo tiene control sobre la electricidad, así que puedo reordenar los átomos del aire para transformarlos en diversos elementos simples. Se podría decir que soy una piedra Filosofal andante.
El renegado se mordió el labio inferior, dubitativo.
-El cerebro aún no ha comenzado a pudrirse. Si lográsemos reactivar el corazón...-murmuró-. Si realmente tienes poder sobre las fuerzas eléctricas, ¿no podrías darle una descarga?
-Claro que podría-contestó ella, encogiéndose de hombros-. Pero, primero, eso no significa que vaya a revivir; y segundo, aunque así fuera, en cuanto mate a la portadora y elimine el gen original de la faz del Universo todo será destruido. ¿Cuál sería la utilidad de gastar mi tiempo en él?
-Seguiré intentando detenerte hasta el último momento, y cuando lo consiga, preferiría que el número de bajas fuese el menor-explicó Uriel, poniéndose especialmente serio.
Karolina le miró de arriba a abajo antes de sonreír, al tiempo que negaba con la cabeza.
-Me gusta tu arrogancia. Una persona normal no se atrevería a hablarle así a un dios. Te concederé este deseo, considerándolo el último.
Mientras hablaba, la joven se había agachado y extendido sus manos a unos centímetros del pecho del mercenario. Lentamente, un par de chispas saltaron y, antes de que se acumulasen demasiadas, Karolina apoyó las manos el corazón de Hans.
El cuerpo del hombre se dobló súbitamente, sacudido por la descarga, y después volvió a estirarse. La joven hizo crujir las vértebras de su cuello, incorporándose de nuevo.
-Su corazón ha vuelto a latir-confirmó-. Si estiras tu aura y te concentras podrás sentirlo. Despertará dentro de un par de horas, si para entonces hay un mundo al que despertar.
-Te lo agradezco en su nombre.
-No necesito agradecimientos, me basta con que corras. El transportador apenas fue dañado por la caída, según parece-explicó Karolina.
-Es lógico. Cuando los diseñé, debían estar preparados para terremotos, explosiones y cualquier tipo de golpe-replicó Uriel-. Reconozco que me molestaría bastante que utilizasen mi propia creación para alejarnos de nuestro objetivo.
-He de suponer que no instalaste ningún sistema de autodestrucción con accionador remoto, ¿no?
-Carecía de sentido, dadas las circunstancias. Cuando oyes la voz del Destino no se necesitan planes secundarios por si algo sale mal.
-Un plan de reserva nunca viene mal-intervino Andy-. Tengo vuestras posiciones, y si yo fuera vosotros me detendría ya. Estáis a menos de dos metros del escudo, y si chocáis contra él...
-No nos pasaría nada, probablemente-replicó Karolina-. ¿Llamas por algo o...?
-Yo siempre llamo por algo-respondió el peliblanco-. Quería avisaros de una cosa: antes de que la presidenta huya a Abbise, destruiré Pandora por completo. Tengo varias bombas escondidas en la roca que sirvió de base para la ciudad, y no pienso dejar que se escape con vida.
-Realmente crees en la necesidad de una nueva generación divina...-murmuró la joven-. Está bien, haz lo que tengas que hacer.
Ambos colgaron a la vez y, sin dilación alguna, Karol extendió sus alas, ascendiendo hasta situarse justo encima de la sede central; una vez allí, fue rodeada por un círculo perfecto de flechas unidas a su cuerpo por largos cables metálicos.
-Apártate-le recomendó a Uriel, abriendo de golpe los ojos.
Las flechas, arrastradas repentinamente por la gravedad, descendieron, deteniéndose al chocar contra las ondas protectoras del escudo de energía. Miles de vatios surcaron los cables, desviándose al entrar en contacto con el muro invisible.
-¡El generador de ECHO está al setenta por ciento de su capacidad y aumentando!-anunció Thamnus desde el monitor-. A este ritmo, no tardará mucho en fallar.
-Pues encuentra energía-replicó Ekaterina, mirándole con dureza-. Me da igual de dónde, pero consíguela.
-Pero, señora, no hay nada...-murmuró el anciano-. Las centrales eléctricas, nucleares, eólicas... Todas fueron destruidas al bombardear Alemania. No podemos recurrir a nada.
-Pues baja nuestro consumo, me da igual. Busca una solución, o estás muerto-replicó ella, jugueteando nerviosa con un mechón de pelo.
-Lamento tener que decirlo, pero nuestro consumo está bajo mínimos. Solamente está el panel de control en marcha, el resto de nuestra energía es redireccionada automáticamente al escudo-explicó Thamnus, poniéndose serio-. No se puede hacer nada. Ya hemos desviado la energía de los pequeños generadores individuales de Pandora, e incluso estamos aprovechando la energía telúrica que produjo el impacto de la caída, pero no hay suficiente.
Ekaterina se quedó un momento callada y quieta. Entonces, con un movimiento tan rápido que resultó invisible para Ishtar, le cortó el cuello al anciano, haciéndole caer hacia atrás.
-Está bien, aprovechemos el tiempo. Termina de una vez esa máquina; yo me encargaré de conseguir algo de tiempo.
Con paso majestuoso, la joven salió de la sala, dirigiéndose al vestíbulo. En el monitor del centro de control, el porcentaje de actividad del núcleo de ECHO superaba el noventa.
Para cuando llegó a su destino, el escudo de energía ya había fallado. En la puerta, convertidos en dos espectros por el efecto de contraluz, estaban Karol y Uriel, quietos.
-Bienvenidos de nuevo a Pandora-saludó Ekaterina, sonriendo-. Espero no haber puesto demasiadas trabas en vuestro camino.
-No las suficientes, no-replicó Karolina-. Ese ángel tuyo aún está trabajando en vuestro transportador de materia, ¿no es cierto?
-Yo conseguiré el tiempo que sea necesario-contestó ella-. A fin de cuentas, soy más fuerte y tú estás agotada.
Karol rió con sorna, mirando a la otra con los ojos entornados.
-No te engañes, encanto. La energía que yo utilizo es tan infinita como poderosa.
-Pero tu cuerpo está limitado-replicó la otra-. El dios de la antimateria encerrado en un pedazo de carne. ¿No es irónico?
-Ríe mientras puedas. Pienso destruirte para liberarme de una vez-replicó Karolina, formando los barrotes de una jaula alrededor de su oponente.
Ekaterina sonrió con suficiencia y la jaula se desintegró.
-Mi querido hermano pequeño Exis-comenzó la joven, enarcando una ceja-. ¿Realmente crees que puedes ganar en estas condiciones? Soy el Material, como bien sabes. Este Universo entero es mi campo de juegos preferido.
-¿No estás sellado?-preguntó Karol, frunciendo el ceño.
-Oh, sí, claro que lo estoy. Igual que tú. Creí que ya lo había dicho en mi comunicado, pero supongo que no atendiste...
-Ella también es una Neumann-se adelantó Uriel-. Tiene exactamente el mismo poder que tú, Karolina.
-¿Y por qué decidiste hacer semejante idiotez?
-Pocos humanos aparte de tu familia habrían sido capaces de sobrevivir a la carga que supone el gen original; por eso utilicé vuestro ADN para crear a la portadora.
-Si lo piensas bien, tiene sentido-intervino Ekaterina, sentándose en una de las sillas de espera de plástico que reposaban junto a la pared-. A fin de cuentas, vuestra... nuestra familia carga con la contraparte de dios. Es un equilibrio perfecto.
Los tres se quedaron callados, mirándose fijamente. Karolina comenzó a formar una lanza, pero antes de terminarla ésta se transformó en agua; intentó, entonces, con la espada, pero Ekaterina bloqueaba todos sus movimientos. Sin importar qué hiciera, cualquier formación se destruía antes de completarse del todo.
-Tenemos la misma cantidad de poder, Exis-comentó la joven, mirándose las uñas despreocupadamente-. Todo lo que intentes fracasará, y yo lograré irme de aquí.
-¿Por qué te empeñas en ser mortal?-preguntó Karolina, lanzándole una roca que la otra transformó en aire a mitad de trayecto-. Eres un dios, ¿no? Lo lógico sería que quisieras seguir siéndolo, en lugar de morir de vieja.
Ekaterina clavó sus ojos fríos en ella.
-Estoy cansada-explicó con voz monótona y calmada-. Tantos millones años cuidando de este maldito Universo han acabado por aburrirme. Ahora quiero ser egoísta.
En aquel momento, la joven notó que el aire empezaba a faltarle y comenzó a hiperventilar. Karol, por su parte, la miraba divertida desde la puerta.
-Te has descuidado-explicó, avanzando un par de pasos hacia la otra-. Todas esas armas, y la pregunta... Solamente eran para ganar tiempo.
-¿Qué has hecho...?-preguntó Ekaterina, agarrándose la garganta con ambas manos.
-Algo contra lo que no puedes luchar-respondió Karolina-. Con estos cuerpos, podemos modificar, pero no crear. Pero, si no hay nada que modificar...
En aquel momento, la antigua presidenta de Pandora se dio cuenta de que estaba flotando en el aire. Una enorme esfera de vacío se había formado en torno a ella, eliminando la silla, las plantas decorativas y hasta el suelo que estaba justo debajo.
Intentó tomar aire para hablar, pero no lo consiguió.
-No te molestes. No hay nada a tu alrededor. Por si te lo preguntas, has sido un adversario difícil: alterar la gravedad para que no notases nada y eliminar el aire a tu alrededor, al mismo tiempo que formaba armas... Hubo un par de ocasiones que pensé que me habías descubierto.
Ekaterina cayó al suelo, mareada. La sangre golpeaba contra sus sienes, apenas podía pensar con claridad, pero finalmente se dio cuenta. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, volvió a ponerse en pie, mirando fijamente a Karolina.
-No merece la pena que intentes atraer aire hacia ti. Estás, literalmente, en un vacío sellado.
La otra, sin embargo, siguió hablando.
“Aún no me has ganado, zorra”.
Uno de sus brazos, repentinamente, se desintegró, convertido en aire que Ekaterina se dio prisa en tragar. Después, ya más calmada, lo transformó en una enorme lanza de oro que lanzó en dirección a Karolina quien, en el último momento, la convirtió de nuevo en aire.
-Gracias por liberarme-masculló Ekaterina, sonriendo-. Sabía que no podrías concentrarte en mantener el vacío y detener eso.
La otra joven la miró fijamente, divertida.
-Has sacrificado tu propio brazo para matarme. Sorprendente, pero muy desesperado-afirmó al fin-. Ahora mismo, yo tengo ventaja en esta pelea. ¿Realmente crees que conseguirás el tiempo necesario para arreglar el transportador en este estado?
-Ya no queda mucho. Y aunque tenga un brazo menos que tú, olvidas que este sitio es materia pura. Mi energía aquí se multiplica.
Ambas jóvenes saltaron hacia atrás, a tiempo para evitar la explosión.
-Cal-masculló Karolina, mirando a la otra.
-Ácido sulfúrico-respondió Ekaterina, frunciendo el ceño.
-Siempre tan básica.
Las jóvenes se incorporaron de nuevo, lanzándose sendas miradas de odio.
-Me parece que ya es hora de terminar con esto, ¿no?-preguntó la joven, concentrando grandes cantidades de energía alrededor suyo.
-Estoy de acuerdo-respondió Karolina, formando una esfera a su alrededor de la que surgieron extensos brazos de energía.
Ekaterina, frente a ella, imitaba sus movimientos. Los látigos chocaron en el aire, haciendo saltar chispas de energía. Ambas jóvenes, metidas en sus burbujas, se mostraban ahora relajadas y apacibles, dando muestras de agresividad únicamente a través de las translúcidas cuerdas que surgían de ellas, que se movían como los tentáculos de un pulpo.
-Demasiada energía...-murmuró Uriel, observando el macabro espectáculo desde una distancia prudencial-. Esto va a acabar...
Antes de poder terminar la frase, un nuevo chispazo saltó, este más potente, y la sala entera se iluminó, cegando a los tres.

0 opinion(es):
Publicar un comentario en la entrada