-Buenos días, señor...-saludó el director, extendiendo la mano en dirección a Vance.
-Berger, Vance Berger-se presentó él, dándole la mano-. Muchas gracias por admitir mis solicitudes, Herr Händel. Es un honor poder trabajar en el instituto donde estudió mi hermana.
-¿Cómo no contratarle? Su hermana era un portento, y parece ser que usted también lo es-respondió el hombre, soltándole la mano y sentándose en su silla-. Bien, su primera clase es a segunda hora. Aquí tiene su horario. ¿Alguna pregunta?
Vance negó con la cabeza mientras observaba su horario, repasándolo. Se lo había descargado ilegalmente del ordenador central del instituto el día anterior.
De pronto entró en la habitación el conserje, disculpándose con un gesto.
-Perdone, Herr Händel, pero Frau Schnee no ha venido y hay una clase sin vigilancia. ¿Podría decirle a algún profesor que se encargue?
El director sonrió y miró a Vance, preguntándole con la mirada.
-Creo que podré encargarme yo-dijo él, cogiendo sus cosas y siguiendo al conserje hasta el aula de la que salían gritos y ruido.
-Son buenos chicos, no deberían dar muchos problemas-comentó el conserje, abriendo la puerta e invitándole a pasar.
Vance entró serenamente, dirigiéndose directamente a la mesa del profesor.
-¿Quién es el nuevo alumno pomposo?-preguntó uno de los jóvenes de la clase.
-El que te va a poner a escribir una redacción de dos mil palabras lo que te queda de hora-respondió él, sin levantar la mirada de sus cosas-. ¿Tienes papel o te dejo uno?
El joven masculló en voz baja que tenía y se puso a escribir.
-Bien, mi nombre es Vance Berger, profesor de italiano y búlgaro. Les aviso de que soy bastante estricto cuando intentan tomarme el pelo, pero por lo general no me considero especialmente gruñón-explicó el ángel, poniéndose frente a la pizarra-. ¿Alguna pregunta?
Nadie levantó la mano, y Vance se sentó en su silla. Alaric y Kat, en segunda fila, se miraban extrañados así.
Después de un minuto de silencio incómodo, el ángel levantó la vista de sus cosas y miró a los alumnos extrañado.
-Podéis hablar, ¿eh? ¿O preferís que os dé clases de matemáticas?
Enseguida los jóvenes empezaron a hablar entre sí tranquilamente y Kat se levantó, acercándose a la mesa del profesor.
-¿Qué le pasa a Frau Schnee?-preguntó ella en un susurro.
-No lo sé-respondió Vance-. ¿Por qué lo preguntas? ¿Qué hay de raro en que no esté aquí?
-Llevo dando clase con ella desde hace dos años, y no ha faltado ni una sola vez. Ni siquiera ha llegado tarde. Tengo un mal presentimiento-explicó Kat, mordiéndose el labio.
El joven se encogió de hombros.
-Nadie ha explicado nada. Será que se le ha muerto el marido, o el gato, o que está enferma. No creo que debas preocuparte...
Un grito desgarrador se coló a través de la puerta, acallando las voces de todos los alumnos que estaban hablando, que se quedaron mirando al pasillo con curiosidad morbosa.
Vance se levantó y se acercó a la puerta.
-Quedaos aquí sin montar mucho revuelo-ordenó él-. Volveré enseguida, ¿de acuerdo?
Los jóvenes asintieron con la cabeza y Vance salió al pasillo hacia el lugar del que procedía el grito. Un segundo después encontró a una joven tirada en el suelo sin moverse.
Se acercó a ella y, después de comprobarle el pulso, miró lo que debía estar observando la chica antes de caer desmayada.
Dentro de un pequeño armario de material, con los ojos fuera de sus órbitas y un corte por toda la yugular, estaba Frau Schnee.
-¿Qué demonios...?
Una pequeña pieza metálica le cayó del pecho, tintineando al chocar contra el suelo.
Vance no pudo contener la tentación de cogerlo y dejó que la luz incidiese sobre el objeto para verlo bien.
-No puede ser una llave... ¿Entonces esto lo ha hecho un ángel...?-murmuró para sí el joven, guardándose la pieza en un bolsillo al oír el ruido de pasos-. ¡Ey, aquí!
Enseguida llegaron los demás profesores, seguidos de unos cuantos alumnos.
-¿Está...?-preguntó uno de los profesores, señalando a la joven.
-Ella no-respondió Vance-. No puedo decir lo mismo de la señora...
El director se acercó y miró en la dirección que el joven indicaba, sintiendo arcadas al ver el cadáver.
-Se anulan las clases de hoy...-murmuró, conteniendo el vómito y dándose la vuelta para no ver el cuerpo-. Es posible que este año las fiestas de Navidad sean más largas de lo común.
martes 9 de febrero de 2010
lunes 8 de febrero de 2010
Capítulo 12, Parte 7
-Kat, despierta-susurró Vance, soplándole en el oído.
-Humph...-refunfuñó Katrin, tapándose con la manta hasta la coronilla-. No quiero...
-Tienes que ir al instituto-insistió él, tirando de la sábana-. Y vas a llegar tarde.
-¿Tienes? ¿Vas?-murmuró Kat, entreabiendo un ojo-. ¿Insinúas que tú no vienes?
-Oh, sí que voy. Pero a mi manera...-respondió Vance.
De pronto el joven abrió la persiana y entró la luz, dejando ver perfectamente a Vance.
El chico llevaba un traje oscuro, con una camisa blanca y una corbata negra debajo. Y sus zapatos brillaban reflejando la luz del sol.
-Oh, dios mío-murmuró Kat, echándose a reír-. ¿Qué cojones llevas puesto, tío?
-Han quedado dos puestos libres en tu insituto como profesor de búlgaro y de italiano-explicó Vance, encogiéndose de hombros-. Solicité ambos puestos y me aceptaron.
-¿A ti? Pero si tienes pinta de quince años máximo-repuso Katrin, sin dejar de reírse.
-Pero según mis documentos y la universidad de Augsburg, tengo veintisiete, y estoy preparado para ser profesor de búlgaro, italiano, francés, ruso y árabe-respondió él-. Según la de Ausburg, claro.
-¿Cuántas carreras tienes?-preguntó ella mientras se desperezaba y cogía su uniforme.
-En un momento u otro las he hecho todas, aunque en distintos países. Pero los diplomas se los compro a un ángel encargado de creárnoslos para infiltrarnos. Y vístete de una vez, que a ducharte no te da tiempo ni de broma-insistió Vance, mirando su reloj.
-A ver, no tienes por qué hacer de mamá conmigo, ¿eh?-se quejó Katrin, quitándose el pijama.
-Técnicamente, soy el hermano de tu madre-comentó él, girándose hacia la ventana para no verla desnuda-. O al menos eso dice la ley.
-¿Quieres decir que te has creado toda una vida en documentos en la que eres el hermano de mi madre?-preguntó ella, sorprendentemente tranquila.
-Exacto. ¿Te parece mal?
-No demasiado. ¿Sabes algo de su vida o tengo que ayudarte?
-Hay un archivo entero sobre ella en la Biblioteca Real de Abbise-respondió Vance.
-¿Ah, sí? ¿Y qué pone?-preguntó Katrin, deseando que su voz no denotase que el corazón acababa de darle un vuelco.
-No puedo contártelo. Información clasificada de nivel cuatro siendo cinco el máximo. Ni siquiera para mí se desbloquea toda su ficha-contestó el ángel-. Lo siento mucho, pero son las normas. No puedo hacer nada por cambiarlas.
-No te preocupes-murmuró Kat, frunciendo un poco el ceño mientras se ajustaba la camisa-. Vámonos ya al instituto, ¿te parece?
Vance asintió con la cabeza y abrió la ventana, invitando a Kat a subírsele encima.
-¿Y de mi hermano tampoco me puedes decir nada, eh?-preguntó Kat en un susurro cuando estuvo sobre él.
-Lo siento, pero tampoco. Todos en tu familia estais clasificados por encima del nivel tres-respondió el joven, acelerando el batir de alas.
-¿Y por qué razones se decide que una información está restringida?
-Depende. Dios es quien lo decide. En algunos casos las explica y en otros no. Tu ficha está clasificada con nivel cuatro porque eres de la Sexta Facción, por ejemplo.
-¿Solo por eso?-preguntó ella, enarcando una ceja-. ¿Tan pocos somos?
-La explicación de cara al público es esa-explicó Vance-. Pero cuando hacen cosas así es por miedo.
Vance descendió a la entrada del instituto, agachándose para dejar a Kat que se bajase de encima. Todos los ojos se clavaron en el joven ángel, sorprendidos.
Leyna se acercó corriendo a Kat, seguida de cerca por su hermano, y después de mirar a Vance acercó sus labios a la oreja de Kat.
-Oye, tía, ¿tú de dónde cojones te sacas a todos estos amigos macizos?-preguntó ella, sonrojándose.
-No es un amigo, es mi tío materno, Vance-respondió Katrin, encogiéndose de hombros-. Es profesor de búlgaro y de italiano.
-Pero si no parece tener más de diecisiete...
Kat se encogió de hombros y sonrió. Un timbre sonó de pronto.
-Voy a la sala de profesores, cielo-comentó Vance, sonriéndoles-. Ya me presentarás luego a tus amigos, ¿eh?
-Nosotros también deberíamos ir a clase-comentó Kat.
-Sí, opino lo mismo-intervino Alaric, acercándose a ellos.
Ahren se sonrojó un poco y desvió la mirada. Katrin y Alaric se despidieron con un gesto y echaron a andar hacia su clase, mientras Ahren miraba fijamente la espalda del renegado muriéndose de envidia.
-¿Crees que se unirá a nosotros?-murmuró Leyna, medio sonriéndose.
-No lo sé, pero no creo. Él solo la necesita a ella para matarle, nosotros le sobramos-respondió Ahren-. Pero a mí me sigue poniendo mucho.
-No creo que eso sea bueno. Pero vámonos a clase. La gente no debe sospechar de nosotros.
-Humph...-refunfuñó Katrin, tapándose con la manta hasta la coronilla-. No quiero...
-Tienes que ir al instituto-insistió él, tirando de la sábana-. Y vas a llegar tarde.
-¿Tienes? ¿Vas?-murmuró Kat, entreabiendo un ojo-. ¿Insinúas que tú no vienes?
-Oh, sí que voy. Pero a mi manera...-respondió Vance.
De pronto el joven abrió la persiana y entró la luz, dejando ver perfectamente a Vance.
El chico llevaba un traje oscuro, con una camisa blanca y una corbata negra debajo. Y sus zapatos brillaban reflejando la luz del sol.
-Oh, dios mío-murmuró Kat, echándose a reír-. ¿Qué cojones llevas puesto, tío?
-Han quedado dos puestos libres en tu insituto como profesor de búlgaro y de italiano-explicó Vance, encogiéndose de hombros-. Solicité ambos puestos y me aceptaron.
-¿A ti? Pero si tienes pinta de quince años máximo-repuso Katrin, sin dejar de reírse.
-Pero según mis documentos y la universidad de Augsburg, tengo veintisiete, y estoy preparado para ser profesor de búlgaro, italiano, francés, ruso y árabe-respondió él-. Según la de Ausburg, claro.
-¿Cuántas carreras tienes?-preguntó ella mientras se desperezaba y cogía su uniforme.
-En un momento u otro las he hecho todas, aunque en distintos países. Pero los diplomas se los compro a un ángel encargado de creárnoslos para infiltrarnos. Y vístete de una vez, que a ducharte no te da tiempo ni de broma-insistió Vance, mirando su reloj.
-A ver, no tienes por qué hacer de mamá conmigo, ¿eh?-se quejó Katrin, quitándose el pijama.
-Técnicamente, soy el hermano de tu madre-comentó él, girándose hacia la ventana para no verla desnuda-. O al menos eso dice la ley.
-¿Quieres decir que te has creado toda una vida en documentos en la que eres el hermano de mi madre?-preguntó ella, sorprendentemente tranquila.
-Exacto. ¿Te parece mal?
-No demasiado. ¿Sabes algo de su vida o tengo que ayudarte?
-Hay un archivo entero sobre ella en la Biblioteca Real de Abbise-respondió Vance.
-¿Ah, sí? ¿Y qué pone?-preguntó Katrin, deseando que su voz no denotase que el corazón acababa de darle un vuelco.
-No puedo contártelo. Información clasificada de nivel cuatro siendo cinco el máximo. Ni siquiera para mí se desbloquea toda su ficha-contestó el ángel-. Lo siento mucho, pero son las normas. No puedo hacer nada por cambiarlas.
-No te preocupes-murmuró Kat, frunciendo un poco el ceño mientras se ajustaba la camisa-. Vámonos ya al instituto, ¿te parece?
Vance asintió con la cabeza y abrió la ventana, invitando a Kat a subírsele encima.
-¿Y de mi hermano tampoco me puedes decir nada, eh?-preguntó Kat en un susurro cuando estuvo sobre él.
-Lo siento, pero tampoco. Todos en tu familia estais clasificados por encima del nivel tres-respondió el joven, acelerando el batir de alas.
-¿Y por qué razones se decide que una información está restringida?
-Depende. Dios es quien lo decide. En algunos casos las explica y en otros no. Tu ficha está clasificada con nivel cuatro porque eres de la Sexta Facción, por ejemplo.
-¿Solo por eso?-preguntó ella, enarcando una ceja-. ¿Tan pocos somos?
-La explicación de cara al público es esa-explicó Vance-. Pero cuando hacen cosas así es por miedo.
Vance descendió a la entrada del instituto, agachándose para dejar a Kat que se bajase de encima. Todos los ojos se clavaron en el joven ángel, sorprendidos.
Leyna se acercó corriendo a Kat, seguida de cerca por su hermano, y después de mirar a Vance acercó sus labios a la oreja de Kat.
-Oye, tía, ¿tú de dónde cojones te sacas a todos estos amigos macizos?-preguntó ella, sonrojándose.
-No es un amigo, es mi tío materno, Vance-respondió Katrin, encogiéndose de hombros-. Es profesor de búlgaro y de italiano.
-Pero si no parece tener más de diecisiete...
Kat se encogió de hombros y sonrió. Un timbre sonó de pronto.
-Voy a la sala de profesores, cielo-comentó Vance, sonriéndoles-. Ya me presentarás luego a tus amigos, ¿eh?
-Nosotros también deberíamos ir a clase-comentó Kat.
-Sí, opino lo mismo-intervino Alaric, acercándose a ellos.
Ahren se sonrojó un poco y desvió la mirada. Katrin y Alaric se despidieron con un gesto y echaron a andar hacia su clase, mientras Ahren miraba fijamente la espalda del renegado muriéndose de envidia.
-¿Crees que se unirá a nosotros?-murmuró Leyna, medio sonriéndose.
-No lo sé, pero no creo. Él solo la necesita a ella para matarle, nosotros le sobramos-respondió Ahren-. Pero a mí me sigue poniendo mucho.
-No creo que eso sea bueno. Pero vámonos a clase. La gente no debe sospechar de nosotros.
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Capítuloo 12
viernes 5 de febrero de 2010
Capítulo 12, Parte 6
En cuanto tocó una de las carpetas, esta se convirtió en un libro real entre sus manos, con peso auténtico.
-Hostia, cada vez me gusta más esta biblioteca-murmuró Kat para sí, sonriendo.
En cuanto lo abrió notó que había una serie de párrafos recalcados con tonos azules, rojos y verdes.
-¿Qué significan estos colores?-preguntó Kat en un susurro.
-Los colores señalan las partes importantes del libro mediante una escala. Los azules remarcan las cosas más importantes; los rojos, información complementaria; y los verdes representan la información completamente suprimible del libro-respondió la voz metálica.
Kat no pudo contener un silbido de sorpresa y después empezó a pasar páginas, leyendo las partes importantes, tratando de memorizar la técnica.
-¿Esta información es correcta seguro?-preguntó Kat, dirigiéndose a Ancel.
-Sí, claro. ¿Por qué lo preguntas?-respondió él detrás de su oído.
-Porque aquí pone que tengo que besar al ángel o renegado al que quiera controlar-explicó ella-. ¿En serio funciona?
-No sé, nunca he probado, la verdad-reconoció Ancel-. Pero supongo que tendrás que probar.
-Por eso sonreía Vance. Estaba imaginándose la escena-exclamó Kat, cayendo en la cuenta-. Pero no creo que Alaric se deje...
-Ataca por sorpresa-respondió la voz metálica-. Hay cincuenta archivos sobre besos, cinco de los cuales sobre besos robados. ¿Desea acceder a esta información?
-Dios, ¿cómo funciona esta cosa?-exclamó Katrin, sorprendida.
-La Biblioteca funciona con un núcleo de fusión fría que alimenta los proyectores con inteligencia artificial, insertada en softwares dentro de chips con conexiones de uthronio-respondieron Ancel y la voz metálica a la vez.
-¿Cómo sabes tú eso?-preguntó Kat.
-Yo diseñé los proyectores hace unos dos mil años-respondió él, con aire de suficiencia-. Me siento muy orgulloso de ellos, ¿sabes?
-Por esta vez te reconozco que mola un huevo y la mitad de otro. Pero que no se te suba mucho a la cabeza, ¿eh? Y ahora larguémonos, qué tengo que devolverle a Vance su cuerpo antes de que lo eche de menos.
Katrin se acercó el objeto extraño a sus labios y un segundo después volvía a estar en la casita en Alaska.
En el saloncito de la casa, sentado en un sofá, estaba otro ángel de aspecto amenazador, con una gran cicatriz en el ojo izquierdo.
El joven se levantó al verle salir y le tendió una mano.
-Hola, Vance-saludó él-. ¿Cómo es que no estás con tu nuevo Miembro?
'Oh, mierda, cree que soy Vance' pensó Kat, poniéndose nerviosa.
-Erm...-murmuró-. Hola. Precisamente iba a volver con ella ahora mismo...
El joven frunció el ceño.
-¿Estás bien, Vance? Te veo muy raro-murmuró el joven-. No te habrá pasado nada, ¿no?
-No, no, solo quería mirar una cosa en la Biblioteca mientras Katrin duerme-respondió ella-. Ahora, si no te importa...
El chico se apartó de la puerta de entrada y le observó pasar a su lado y salir a pesar de su extrañeza.
-¿Nos veremos pronto?-preguntó cuando Kat iba a cerrar la puerta.
-Pues... Quizá. Depende de lo ocupado que esté protegiendo a mi Miembro...
En cuanto estuvo fuera extendió las alas y echó a volar a toda velocidad hacia el este, dándose golpes en la cabeza.
-Idiota, idiota, idiota-murmuró para sí-. ¿Cómo demonios he dejado que me vea ese guardián? Ahora Vance se dará cuenta de que alguien ha utilizado su cuerpo y sabrá que he sido yo... ¡Idiota, idiota, idiota!
Entró por la ventana y la cerró tras de sí de golpe, volviendo enseguida junto a su propio cuerpo.
Al ir a agacharse, tropezó, cayendo encima del cuerpo inerte de Alaric.
-Humph... ¿Qué pasa...?-murmuró el joven, aún sin abrir los ojos.
Katrin se levantó de un salto, asustada y, en un acto reflejo, se volvió a acercar a su cuerpo para recuperarlo.
En cuanto estuvo del todo consciente, encendió el televisor y puso el vídeo en la última escena, tiró la mayor parte de las palomitas por la ventana y se sentó delante de la tele.
-¿Qué ha pasado?-preguntó Alaric, incorporándose y desperezándose.
-Os habéis quedado dormidos-mintió ella, encogiéndose de hombros-. Tenéis falta de sueño, supongo.
El joven se rascó la nuca y miró a Vance, tumbado en el suelo. Luego sonrió.
-¿Puedo?-pidió, poniendo ojos de cordero degollado.
Katrin se rió y asintió con la cabeza.
-Adelante, despiértale-aceptó ella.
Alaric se levantó y, de un salto, se lanzó sobre Vance en plancha, haciendo crujir el suelo.
-JO-DER-exclamó Vance al despertarse, empezando luego a reirse-. Tío, reconozco preferir esto a que me despiertes como a Blancanieves, pero podrías haber sido un poco menos bestia.
Alaric se limitó a reirse como única respuesta.
-Hostia, cada vez me gusta más esta biblioteca-murmuró Kat para sí, sonriendo.
En cuanto lo abrió notó que había una serie de párrafos recalcados con tonos azules, rojos y verdes.
-¿Qué significan estos colores?-preguntó Kat en un susurro.
-Los colores señalan las partes importantes del libro mediante una escala. Los azules remarcan las cosas más importantes; los rojos, información complementaria; y los verdes representan la información completamente suprimible del libro-respondió la voz metálica.
Kat no pudo contener un silbido de sorpresa y después empezó a pasar páginas, leyendo las partes importantes, tratando de memorizar la técnica.
-¿Esta información es correcta seguro?-preguntó Kat, dirigiéndose a Ancel.
-Sí, claro. ¿Por qué lo preguntas?-respondió él detrás de su oído.
-Porque aquí pone que tengo que besar al ángel o renegado al que quiera controlar-explicó ella-. ¿En serio funciona?
-No sé, nunca he probado, la verdad-reconoció Ancel-. Pero supongo que tendrás que probar.
-Por eso sonreía Vance. Estaba imaginándose la escena-exclamó Kat, cayendo en la cuenta-. Pero no creo que Alaric se deje...
-Ataca por sorpresa-respondió la voz metálica-. Hay cincuenta archivos sobre besos, cinco de los cuales sobre besos robados. ¿Desea acceder a esta información?
-Dios, ¿cómo funciona esta cosa?-exclamó Katrin, sorprendida.
-La Biblioteca funciona con un núcleo de fusión fría que alimenta los proyectores con inteligencia artificial, insertada en softwares dentro de chips con conexiones de uthronio-respondieron Ancel y la voz metálica a la vez.
-¿Cómo sabes tú eso?-preguntó Kat.
-Yo diseñé los proyectores hace unos dos mil años-respondió él, con aire de suficiencia-. Me siento muy orgulloso de ellos, ¿sabes?
-Por esta vez te reconozco que mola un huevo y la mitad de otro. Pero que no se te suba mucho a la cabeza, ¿eh? Y ahora larguémonos, qué tengo que devolverle a Vance su cuerpo antes de que lo eche de menos.
Katrin se acercó el objeto extraño a sus labios y un segundo después volvía a estar en la casita en Alaska.
En el saloncito de la casa, sentado en un sofá, estaba otro ángel de aspecto amenazador, con una gran cicatriz en el ojo izquierdo.
El joven se levantó al verle salir y le tendió una mano.
-Hola, Vance-saludó él-. ¿Cómo es que no estás con tu nuevo Miembro?
'Oh, mierda, cree que soy Vance' pensó Kat, poniéndose nerviosa.
-Erm...-murmuró-. Hola. Precisamente iba a volver con ella ahora mismo...
El joven frunció el ceño.
-¿Estás bien, Vance? Te veo muy raro-murmuró el joven-. No te habrá pasado nada, ¿no?
-No, no, solo quería mirar una cosa en la Biblioteca mientras Katrin duerme-respondió ella-. Ahora, si no te importa...
El chico se apartó de la puerta de entrada y le observó pasar a su lado y salir a pesar de su extrañeza.
-¿Nos veremos pronto?-preguntó cuando Kat iba a cerrar la puerta.
-Pues... Quizá. Depende de lo ocupado que esté protegiendo a mi Miembro...
En cuanto estuvo fuera extendió las alas y echó a volar a toda velocidad hacia el este, dándose golpes en la cabeza.
-Idiota, idiota, idiota-murmuró para sí-. ¿Cómo demonios he dejado que me vea ese guardián? Ahora Vance se dará cuenta de que alguien ha utilizado su cuerpo y sabrá que he sido yo... ¡Idiota, idiota, idiota!
Entró por la ventana y la cerró tras de sí de golpe, volviendo enseguida junto a su propio cuerpo.
Al ir a agacharse, tropezó, cayendo encima del cuerpo inerte de Alaric.
-Humph... ¿Qué pasa...?-murmuró el joven, aún sin abrir los ojos.
Katrin se levantó de un salto, asustada y, en un acto reflejo, se volvió a acercar a su cuerpo para recuperarlo.
En cuanto estuvo del todo consciente, encendió el televisor y puso el vídeo en la última escena, tiró la mayor parte de las palomitas por la ventana y se sentó delante de la tele.
-¿Qué ha pasado?-preguntó Alaric, incorporándose y desperezándose.
-Os habéis quedado dormidos-mintió ella, encogiéndose de hombros-. Tenéis falta de sueño, supongo.
El joven se rascó la nuca y miró a Vance, tumbado en el suelo. Luego sonrió.
-¿Puedo?-pidió, poniendo ojos de cordero degollado.
Katrin se rió y asintió con la cabeza.
-Adelante, despiértale-aceptó ella.
Alaric se levantó y, de un salto, se lanzó sobre Vance en plancha, haciendo crujir el suelo.
-JO-DER-exclamó Vance al despertarse, empezando luego a reirse-. Tío, reconozco preferir esto a que me despiertes como a Blancanieves, pero podrías haber sido un poco menos bestia.
Alaric se limitó a reirse como única respuesta.
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Capítuloo 12
jueves 4 de febrero de 2010
Capítulo 12, Parte 5
-¿En serio no vas a contármelo?-volvió a preguntar Kat.
-Por décima vez, no. Mi misión es encargarme de que no la palmes, y plantarte en Abbise con el cuerpo de tu renegado es como pintarse una diana en la cabeza y pasearse por un campo de tiro-respondió Vance.
-Eres un aguafiestas. Allí podría encontrar muchísima información, y lo sabes-replicó Katrin, dándole un golpecito suave en el hombro.
-Para eso los humanos inventasteis internet, ¿no?-rió Vance, sentándose en el suelo frente a ella-. En serio, no es una buena idea. Al menos no por ahora.
Kat refunfuñó y se levantó.
-Pues hasta que Alaric vuelva con la peli, voy a hablar por mesenger un rato. Y tú te quedas aquí y no cotilleas-ordenó antes de salir del cuarto.
En cuanto entró en el despacho, por si acaso, cerró la puerta con llave y bajó las persianas para asegurarse de que Vance no la observaba.
Después encendió el ordenador y, en cuanto estuvo operativo, abrió una ventana de internet.
'Venenos cerebro' introdujo en google.
El primero que le resultó convincente fue el mercurio, y después de apagarlo todo de nuevo y de abrir las persianas caminó en dirección al baño para coger el antiguo termómetro de mercurio de su abuelo.
-Vance, ¿qué vas a querer de beber? ¿Pepsi?-gritó mientras bajaba las escaleras.
-De acuerdo-respondió el joven, sin asomarse a observarla.
Cogió tres vasos grandes de la cocina y, rompiendo el vidrio del termómetro, puso la mitad del contenido en un vaso y la otra mitad en el otro. A los dos les puso una pajita azul, y al tercero una verde, y después revolvió el refresco hasta que el mercurio desapareció.
En aquel mismo momento, Alaric entró por la puerta y ella le ofreció uno de los vasos de pajita azul. A Vance le dio el otro.
-¿Cómo de rápido podéis beber?-preguntó arriba, a modo de apuesta-. Seguro que puedo ganaros.
Los chicos sonrieron y, quitando las pajitas, contaron hasta tres en voz alta y luego bebieron sus vasos de golpe.
Pronto empezaron a sentirse mareados, y tropezaron, cayendo al suelo. Al cabo de unos segundos parecían estar completamente dormidos.
-¿Estás seguro de que solo dormirán?-preguntó al aire, aparentemente.
-Segurísimo-respondió Ancel detrás de su oído, invisible a pesar de todo-. Los venenos no afectan a los ángeles tan duramente; dormirán durante un par de horas y luego se despertarán con dolor de cabeza y estómago.
Kat asintió con la cabeza y recogió los vasos, dejándolos encima de una mesilla.
-¿Por qué hemos tenido que hacerlo así?
-Esto es un intercambio, no un vínculo perfecto. Tu mente entrará en su cuerpo, y la suya en el tuyo. Así tendrás un control perfecto de su cuerpo, mientras su mente sigue dormida en el tuyo. Así no recordarán que les has traicionado-explicó él-. Pon un dedo índice en cada sien suya y luego cierra los ojos. Será espontáneo.
Katrin, a pesar de sus dudas, se acercó a Vance y siguió las instrucciones de Ancel.
Un segundo después de poner sus dedos donde le indicaban, empezó a notar un fuerte flujo de energía, y cuando abrió los ojos se encontró con su propio rostro.
Con cuidado, levantó su cuerpo inerte y lo depositó en el suelo, viéndose de pronto reflejada en el espejo.
Después de mirarse de arriba a abajo, caminó hasta la ventana y salió, extendiendo las alas.
-La realidad de Abbise está en Alaska. Vuela hacia al oeste hasta que te lo indique a la máxima velocidad posible-explicó Ancel.
Kat empezó a acelerar hasta que notó que el aire le cortaba la piel y los labios hasta que, de pronto, notó que Ancel le indicaba que girase hacia el norte.
-Allí está-dijo de pronto el joven.
La casa de madera estaba allí, en medio del mismo paisaje nevado, y Katrin descendió frente a la puerta, abriéndola y corriendo al cuarto del fondo.
Buscó en sus pantalones y, por fin, en un pequeño bolsillo oculto encontró el pequeño objeto.
Sus labios susurraron las palabras sin que Kat tuviese que pensar, y prontó apareció en la réplica de Abbise.
-¿Dónde está la biblioteca?-le preguntó a Ancel, escrutando el horizonte.
-Hacia el sur-respondió él.
Al cabo de un par de minutos comenzó a ver una serie de edificios grandes de madera, mármol y granito. Uno de aquellos edificios tenía un gran letrero dorado que ponía 'Biblioteca Real'.
Kat subió los escalones a toda velocidad y cerró la puerta al entrar.
Se sorprendió mucho al darse cuenta de que no había ni un solo libro en todo el edificio. Sin embargo había una serie de objetos extraños en cada esquina.
Se acercó al del centro y puso la mano en él.
-Bienvenido a la biblioteca, Vance-saludó una voz metálica, sobresaltándola-. ¿Qué información desea visualizar hoy?
Kat tragó aire con fuerza y después, menos alterada, contestó con voz clara y firme:
-Información sobre vínculo perfecto humano-ángel.
Nada sucedió en la sala.
-Habla correctamente, tonta-comentó Ancel.
-Deseo información sobre un vínculo perfecto entre un humano y un ángel-repitió Kat.
Los objetos extraños de las esquinas empezaron a brillar y una serie de archivos, como carpetas de ordenador, aparecieron en tres dimensiones por toda la habitación, dejando a Katrin boquiabierta.
-¿Alguna especificación más?-preguntó la voz metálica.
-Pues... El humano controla al ángel y no al revés-respondió ella.
Todas las carpetas menos dos desaparecieron.
-Oh, dios, con una biblioteca así no sé como Alaric podía no venir-murmuró Kat, casi dando saltos de alegría.
-Por décima vez, no. Mi misión es encargarme de que no la palmes, y plantarte en Abbise con el cuerpo de tu renegado es como pintarse una diana en la cabeza y pasearse por un campo de tiro-respondió Vance.
-Eres un aguafiestas. Allí podría encontrar muchísima información, y lo sabes-replicó Katrin, dándole un golpecito suave en el hombro.
-Para eso los humanos inventasteis internet, ¿no?-rió Vance, sentándose en el suelo frente a ella-. En serio, no es una buena idea. Al menos no por ahora.
Kat refunfuñó y se levantó.
-Pues hasta que Alaric vuelva con la peli, voy a hablar por mesenger un rato. Y tú te quedas aquí y no cotilleas-ordenó antes de salir del cuarto.
En cuanto entró en el despacho, por si acaso, cerró la puerta con llave y bajó las persianas para asegurarse de que Vance no la observaba.
Después encendió el ordenador y, en cuanto estuvo operativo, abrió una ventana de internet.
'Venenos cerebro' introdujo en google.
El primero que le resultó convincente fue el mercurio, y después de apagarlo todo de nuevo y de abrir las persianas caminó en dirección al baño para coger el antiguo termómetro de mercurio de su abuelo.
-Vance, ¿qué vas a querer de beber? ¿Pepsi?-gritó mientras bajaba las escaleras.
-De acuerdo-respondió el joven, sin asomarse a observarla.
Cogió tres vasos grandes de la cocina y, rompiendo el vidrio del termómetro, puso la mitad del contenido en un vaso y la otra mitad en el otro. A los dos les puso una pajita azul, y al tercero una verde, y después revolvió el refresco hasta que el mercurio desapareció.
En aquel mismo momento, Alaric entró por la puerta y ella le ofreció uno de los vasos de pajita azul. A Vance le dio el otro.
-¿Cómo de rápido podéis beber?-preguntó arriba, a modo de apuesta-. Seguro que puedo ganaros.
Los chicos sonrieron y, quitando las pajitas, contaron hasta tres en voz alta y luego bebieron sus vasos de golpe.
Pronto empezaron a sentirse mareados, y tropezaron, cayendo al suelo. Al cabo de unos segundos parecían estar completamente dormidos.
-¿Estás seguro de que solo dormirán?-preguntó al aire, aparentemente.
-Segurísimo-respondió Ancel detrás de su oído, invisible a pesar de todo-. Los venenos no afectan a los ángeles tan duramente; dormirán durante un par de horas y luego se despertarán con dolor de cabeza y estómago.
Kat asintió con la cabeza y recogió los vasos, dejándolos encima de una mesilla.
-¿Por qué hemos tenido que hacerlo así?
-Esto es un intercambio, no un vínculo perfecto. Tu mente entrará en su cuerpo, y la suya en el tuyo. Así tendrás un control perfecto de su cuerpo, mientras su mente sigue dormida en el tuyo. Así no recordarán que les has traicionado-explicó él-. Pon un dedo índice en cada sien suya y luego cierra los ojos. Será espontáneo.
Katrin, a pesar de sus dudas, se acercó a Vance y siguió las instrucciones de Ancel.
Un segundo después de poner sus dedos donde le indicaban, empezó a notar un fuerte flujo de energía, y cuando abrió los ojos se encontró con su propio rostro.
Con cuidado, levantó su cuerpo inerte y lo depositó en el suelo, viéndose de pronto reflejada en el espejo.
Después de mirarse de arriba a abajo, caminó hasta la ventana y salió, extendiendo las alas.
-La realidad de Abbise está en Alaska. Vuela hacia al oeste hasta que te lo indique a la máxima velocidad posible-explicó Ancel.
Kat empezó a acelerar hasta que notó que el aire le cortaba la piel y los labios hasta que, de pronto, notó que Ancel le indicaba que girase hacia el norte.
-Allí está-dijo de pronto el joven.
La casa de madera estaba allí, en medio del mismo paisaje nevado, y Katrin descendió frente a la puerta, abriéndola y corriendo al cuarto del fondo.
Buscó en sus pantalones y, por fin, en un pequeño bolsillo oculto encontró el pequeño objeto.
Sus labios susurraron las palabras sin que Kat tuviese que pensar, y prontó apareció en la réplica de Abbise.
-¿Dónde está la biblioteca?-le preguntó a Ancel, escrutando el horizonte.
-Hacia el sur-respondió él.
Al cabo de un par de minutos comenzó a ver una serie de edificios grandes de madera, mármol y granito. Uno de aquellos edificios tenía un gran letrero dorado que ponía 'Biblioteca Real'.
Kat subió los escalones a toda velocidad y cerró la puerta al entrar.
Se sorprendió mucho al darse cuenta de que no había ni un solo libro en todo el edificio. Sin embargo había una serie de objetos extraños en cada esquina.
Se acercó al del centro y puso la mano en él.
-Bienvenido a la biblioteca, Vance-saludó una voz metálica, sobresaltándola-. ¿Qué información desea visualizar hoy?
Kat tragó aire con fuerza y después, menos alterada, contestó con voz clara y firme:
-Información sobre vínculo perfecto humano-ángel.
Nada sucedió en la sala.
-Habla correctamente, tonta-comentó Ancel.
-Deseo información sobre un vínculo perfecto entre un humano y un ángel-repitió Kat.
Los objetos extraños de las esquinas empezaron a brillar y una serie de archivos, como carpetas de ordenador, aparecieron en tres dimensiones por toda la habitación, dejando a Katrin boquiabierta.
-¿Alguna especificación más?-preguntó la voz metálica.
-Pues... El humano controla al ángel y no al revés-respondió ella.
Todas las carpetas menos dos desaparecieron.
-Oh, dios, con una biblioteca así no sé como Alaric podía no venir-murmuró Kat, casi dando saltos de alegría.
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Capítuloo 12
miércoles 3 de febrero de 2010
Capítulo 12, Parte 4
-Alaric... ¿Qué me habías contado acerca de Jesucristo?-le susurró Katrin mientras Vance, tumbado en el suelo, dormía.
-¿De Jesús? ¿Por qué me lo preguntas?
-Curiosidad-mintió Kat-. Venga, cuéntamelo de nuevo.
El joven suspiró y se encogió de hombros.
-No hay mucho que contar. Dios hizo que un ángel tuviese un hijo con una humana y lo utilizó para recuperar vínculos con los humanos-respondió Alaric.
-¿Y no sabes nada más acerca de él?-insistió ella.
-No mucho. Todos los renegados le temíamos bastante porque era un gran needle, y porque decían que era capaz de conseguir sadapse. ¿En serio todo esto es solo por curiosidad?-repuso él, enarcando una ceja.
-Sí. Es que no poder hacer nada con mi hermano tiene en suspensión mi vida-explicó Kat-. Así que, o hablamos de esto, o de lo que has hecho con Ahren esta tarde.
-Ya te lo he dicho, estudiar-respondió Alaric, suspirando con fuerza-. No hay nada entre Ahren y yo, en serio. Al menos por mi parte.
Katrin sonrió.
-Entonces, ¿estás admitiendo que a Ahren sí que le gustas?-preguntó ella, ampliando su sonrisa-. ¿Y cómo sabes tú eso? No te habrá besado, ¿no?
El joven se sonrojó y desvió la mirada.
-No, qué va... Lo sé por su vínculo, que es morado... No ha hecho nada...-respondió él, mordiéndose el labio inferior.
-¿No ha hecho nada?-repitió Kat, poniéndo énfasis en el verbo-. ¿Lo ha intentado, eh?
Alaric terminó de ponerse del todo rojo y se tumbó en el suelo con la excusa de dormir.
-No te hagas el dormido y responde-insistió ella, lanzándose encima de él entre risas para hacerle cosquillas.
El joven también empezó a reírse y a revolcarse.
-Vale, vale, lo reconozco, lo intentó.
-Lo sabía, lo sabía-canturreó Katrin, sin dejar de reírse-. ¿Y por qué le detuviste?
-Ya te he dicho que no me gusta-respondió Alaric.
-Eres un soso, ¿sabes?-intervino Vance, incorporándose un poco-. Y un ruidoso en toda regla.
-¿Te hemos despertado?-preguntó Katrin-. Lo siento mucho.
-No es al único al que habéis despertado-comentó mordazmente una voz desde la puerta.
-Fuera de aquí, Klaus-ordenó Kat, mirando con furia al joven.
Él solo sonrió con suficiencia.
-¿Pero por qué me tratas así, hermanita?-preguntó arrastrando cada palabra-. ¿Te he hecho algo?
-Que te follen-replicó ella, dándole la espalda.
Klaus se rió y cerró la puerta al marcharse, dejándoles sumidos en un silencio incómodo.
-Bueno... ¿Hacemos algo lo que queda de tarde?-preguntó Vance.
-Quizá debería intentar quedar con Blaze-respondió Kat, cogiendo el móvil y marcando. Pronto colgó-. El contestador. Supongo que no tengo planes.
-¿Vamos a ver una peli al cine?-ofreció Alaric-. ¿Al teatro? ¿Al circo?
-Hace siglos que no voy al teatro-respondió Vance-. ¿A ti te apetece, Kat?
Ella se encogió de hombros.
-No sé que quiero, la verdad. Estoy... Aburrida hasta los límites de lo posible-respondió, suspirando después con desgana.
-¿Y qué querrías hacer?-preguntó Vance, acercándose a ella.
-Pues... Viajar. Viajar lejos, muy lejos. Lo más lejos que pudiese...
-¿En qué lugar estás pensando?-intervino Alaric-. ¿Nueva Zelanda?
-Abbise.
-Eso es imposible, Katrin-repuso el renegado, encogiéndose de hombros.
-Bueno... La verdad es que se me ha ocurrido una forma, pero no sé si funcionaría-murmuró ella, frunciendo el ceño.
-¿Qué forma?
Vance parecía también intrigado.
-Alaric, ¿recuerdas cuando me enfrenté a Wolfang y cogí la puerta equivocada?-el joven asintió con la cabeza-. Para sacarme, creaste un vínculo perfecto conmigo y tomaste el control de mi cuerpo y mente. He pensado invertir el sistema para controlar tu cuerpo y viajar a Abbise.
Tanto Vance como Alaric la miraron sorprendidos.
-¿Cómo se te ha ocurrido esa idea?-preguntó Vance, sonriendo-. La verdad es que podría funcionar. Eres más lista de lo que pareces, ¿sabías?
-Entonces, ¿se puede invertir el vínculo perfecto?-murmuró Alaric-. ¿Cómo lo sabes?
-Por la biblioteca de Abbise. Es más útil de lo que parece, ¿sabes?-respondió él-. Aunque reconozco que sobre este tema en concreto había poca información, porque nadie le había visto la utilidad. Hasta ahora.
-¿Y cómo se haría?
-No se lo digas-ordenó Alaric.
-No pensaba decírselo-respuso Vance-. No creo que sea buena idea plantarse en Abbise con alas negras, a pesar del tratado de paz.
-¿Le estás dando la razón?-preguntó Kat-. ¡Eso no se hace! ¡Malo, malo, malo!
-Alquilaré una película y prepararé palomitas mientras peleais-repuso Alaric, levantándose-. Y será una película empalagosa, porque me gustan así. Punto.
-¿De Jesús? ¿Por qué me lo preguntas?
-Curiosidad-mintió Kat-. Venga, cuéntamelo de nuevo.
El joven suspiró y se encogió de hombros.
-No hay mucho que contar. Dios hizo que un ángel tuviese un hijo con una humana y lo utilizó para recuperar vínculos con los humanos-respondió Alaric.
-¿Y no sabes nada más acerca de él?-insistió ella.
-No mucho. Todos los renegados le temíamos bastante porque era un gran needle, y porque decían que era capaz de conseguir sadapse. ¿En serio todo esto es solo por curiosidad?-repuso él, enarcando una ceja.
-Sí. Es que no poder hacer nada con mi hermano tiene en suspensión mi vida-explicó Kat-. Así que, o hablamos de esto, o de lo que has hecho con Ahren esta tarde.
-Ya te lo he dicho, estudiar-respondió Alaric, suspirando con fuerza-. No hay nada entre Ahren y yo, en serio. Al menos por mi parte.
Katrin sonrió.
-Entonces, ¿estás admitiendo que a Ahren sí que le gustas?-preguntó ella, ampliando su sonrisa-. ¿Y cómo sabes tú eso? No te habrá besado, ¿no?
El joven se sonrojó y desvió la mirada.
-No, qué va... Lo sé por su vínculo, que es morado... No ha hecho nada...-respondió él, mordiéndose el labio inferior.
-¿No ha hecho nada?-repitió Kat, poniéndo énfasis en el verbo-. ¿Lo ha intentado, eh?
Alaric terminó de ponerse del todo rojo y se tumbó en el suelo con la excusa de dormir.
-No te hagas el dormido y responde-insistió ella, lanzándose encima de él entre risas para hacerle cosquillas.
El joven también empezó a reírse y a revolcarse.
-Vale, vale, lo reconozco, lo intentó.
-Lo sabía, lo sabía-canturreó Katrin, sin dejar de reírse-. ¿Y por qué le detuviste?
-Ya te he dicho que no me gusta-respondió Alaric.
-Eres un soso, ¿sabes?-intervino Vance, incorporándose un poco-. Y un ruidoso en toda regla.
-¿Te hemos despertado?-preguntó Katrin-. Lo siento mucho.
-No es al único al que habéis despertado-comentó mordazmente una voz desde la puerta.
-Fuera de aquí, Klaus-ordenó Kat, mirando con furia al joven.
Él solo sonrió con suficiencia.
-¿Pero por qué me tratas así, hermanita?-preguntó arrastrando cada palabra-. ¿Te he hecho algo?
-Que te follen-replicó ella, dándole la espalda.
Klaus se rió y cerró la puerta al marcharse, dejándoles sumidos en un silencio incómodo.
-Bueno... ¿Hacemos algo lo que queda de tarde?-preguntó Vance.
-Quizá debería intentar quedar con Blaze-respondió Kat, cogiendo el móvil y marcando. Pronto colgó-. El contestador. Supongo que no tengo planes.
-¿Vamos a ver una peli al cine?-ofreció Alaric-. ¿Al teatro? ¿Al circo?
-Hace siglos que no voy al teatro-respondió Vance-. ¿A ti te apetece, Kat?
Ella se encogió de hombros.
-No sé que quiero, la verdad. Estoy... Aburrida hasta los límites de lo posible-respondió, suspirando después con desgana.
-¿Y qué querrías hacer?-preguntó Vance, acercándose a ella.
-Pues... Viajar. Viajar lejos, muy lejos. Lo más lejos que pudiese...
-¿En qué lugar estás pensando?-intervino Alaric-. ¿Nueva Zelanda?
-Abbise.
-Eso es imposible, Katrin-repuso el renegado, encogiéndose de hombros.
-Bueno... La verdad es que se me ha ocurrido una forma, pero no sé si funcionaría-murmuró ella, frunciendo el ceño.
-¿Qué forma?
Vance parecía también intrigado.
-Alaric, ¿recuerdas cuando me enfrenté a Wolfang y cogí la puerta equivocada?-el joven asintió con la cabeza-. Para sacarme, creaste un vínculo perfecto conmigo y tomaste el control de mi cuerpo y mente. He pensado invertir el sistema para controlar tu cuerpo y viajar a Abbise.
Tanto Vance como Alaric la miraron sorprendidos.
-¿Cómo se te ha ocurrido esa idea?-preguntó Vance, sonriendo-. La verdad es que podría funcionar. Eres más lista de lo que pareces, ¿sabías?
-Entonces, ¿se puede invertir el vínculo perfecto?-murmuró Alaric-. ¿Cómo lo sabes?
-Por la biblioteca de Abbise. Es más útil de lo que parece, ¿sabes?-respondió él-. Aunque reconozco que sobre este tema en concreto había poca información, porque nadie le había visto la utilidad. Hasta ahora.
-¿Y cómo se haría?
-No se lo digas-ordenó Alaric.
-No pensaba decírselo-respuso Vance-. No creo que sea buena idea plantarse en Abbise con alas negras, a pesar del tratado de paz.
-¿Le estás dando la razón?-preguntó Kat-. ¡Eso no se hace! ¡Malo, malo, malo!
-Alquilaré una película y prepararé palomitas mientras peleais-repuso Alaric, levantándose-. Y será una película empalagosa, porque me gustan así. Punto.
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Capítuloo 12
martes 2 de febrero de 2010
Capítulo 12, Parte 3
-Entonces, ¿qué es? ¿Que os educan para ser espías?-preguntó Kat, acercándose al borde de la azotea para observar a Ahren esperando en la entrada.
-No, los ángeles no recibimos ningún tipo de entrenamiento. ¿Pero sabes cuántos secretos hay en Abbise? Uno tiene que ser muy bueno para enterarse de las cosas interesantes-respondió Vance, poniéndose a su lado.
-¿No se os ha ocurrido inventar los programas del corazón?
-Bueno, tenemos los Grandes Paneles, con los que podemos ver cualquier lugar de la Tierra. Y créeme, hay algunos lugares que son auténticos culebrones.
Kat iba a decir algo, pero Vance le indicó con un gesto que no hiciese ruido y, levantándola con un brazo, retrocedió unos cuantos metros y saltó al edificio de al lado, que tenía un pequeño muro bordeando la azotea.
-¿Qué pasa?-preguntó Kat en susurros, tumbándose para que el muro la cubriese.
-Que Alaric acaba de llegar y ha subido a la azotea del hospital para ver si estábamos ahí-respondió Vance, también en susurros-. Vamos a ver si ya ha vuelto a bajar...
Y según hablaba, sacó su adapse y recortó el cemento que bordeaba un ladrillo, para luego, con cuidado, retirarlo.
A través del pequeño agujero vio al renegado rascándose la nuca extrañado y sacando algo de su bolsillo.
Sin darle explicaciones, Vance le sacó el móvil a Kat del bolsillo y lo apagó un segundo antes de que empezase a sonar.
-¿Kat? ¿Vance?-les llamó Alaric, buscándoles en alguna azotea.
Al ver que nadie le respondía saltó a otra azotea y, aprovechando la distancia, Vance arrastró a Katrin hasta el lado opuesto de la azotea y, de un salto, se escondieron entre las hojas de un árbol.
-¿No te parece exagerado hacer esto por un beso?-preguntó Kat, a pesar de que estaba disfrutando cada maniobra que el ángel hacía.
-Ehms...-Vance pareció pensárselo-. No, no me lo parece. ¿Quieres que lo dejemos?
Kat negó con la cabeza y miró hacia el cielo, viendo a través de las hojas a su amigo asomándose por encima del muro.
-Vale, creo que ya se ha rendido-susurró el joven cuando vio que Alaric descendía hasta la calle y caminaba en dirección al hospital-. Ahora, a buscar un buen sitio desde el que observar la escena.
El joven subió a Kat a su espalda y, con un salto rápido, descendió a la acera, acercándose a la esquina para tener una buena vista de la entrada del hospital.
Ahren y Alaric se estaban dando la mano amistosamente cerca de la moto del segundo. Después de un rato hablando, Kat bostezó.
-¿Tú oyes algo?-preguntó entre susurros.
-No, pero les leo los labios-respondió Vance-. Y lo más picante que se han dicho es 'Menudo calor hace hoy'. Es tristísimo molestarnos en espiar a alguien así de soso.
-Bueno, tú dale tiempo, que dicen que Ahren es atrevido como él solo-repuso Kat, sonriendo.
-¿Y quién dice eso? ¿Alguna novia?
-No. Todas las que han querido serlo en algún momento. Pero este tío no se ha liado con nadie. Es más casto y puro que una maldita patata-contestó ella.
-Bueno, pues vale. Pero aquí estos dos se largan, y en una moto, o se agarran bien, o...-replicó Vance.
-¡Oh! ¡Oh! ¿Podemos coger un taxi y decir eso de '¡siga a esa moto!'?
-Creo que es más cómodo que te subas a mi espalda y vayamos volando. Pero te prometo que durante la próxima persecución pagaré el taxi.
Kat se subió de un salto, rodeando el cuello del joven con ambos brazos.
Vance extendió las alas y se alejó un par de metros del suelo, siguiendo la moto de Alaric haciendo eses 'para que no nos vea'.
-Oye, mientras viajamos tengo una duda importante-le susurró Katrin al oído-. ¿Tú tienes descendientes?
-Un hijo-respondió él.
-¿Con quién? ¿Alguna renegada interesante que vivía con uno de los Miembros?-preguntó ella, sonriendo.
-No, con una humana normal. María, de Judea-respondió Vance, encogiéndose de hombros-. La célula provocada por el vínculo entró en su vientre sin intervención mía, palabra.
-María... Virgen... ¡Coño! ¿Eres el padre de Jesucristo?
-Órdenes de Dios. Necesitábamos un mestizo para crear vínculos y por aquel entonces yo era su favorito-explicó él.
-¿Por aquel entonces? ¿Qué pasó después de eso?
De pronto Vance se puso rígido.
-Van a pararse. Si planean darse un morreo, será ahora, así que descendamos-replicó, bajando suavemente hasta detenerse en una esquina.
-¿Qué dicen?-preguntó Katrin, que no sabía leer los labios.
-'Muchas gracias por traerme', 'No es nada, tranquilo, no te preocupes. ¿Qué tal los deberes?', 'Bueno, más o menos. Pero en mates no me entero de nada', ¿Quieres que te ayude?'... En serio, cielo, búscate algún amigo con algo interesante que esconder-se quejó él, riéndose.
-Deja de tocar las narices y sigue diciéndome qué están diciendo-replicó Kat, riéndose también.
-Oh, mierda. Los hemos perdido-murmuró de pronto Vance-. '¿Quieres subir?'. Joder, yo no pensaba denunciarlos por escándalo público.
Ahren abrió la puerta del portal y entró. Alaric giró la cabeza en dirección a la esquina en la que se escondían Vance y Kat y movió los labios, siguiendo al joven.
-¿Qué ha dicho?-preguntó Katrin.
-Dice que sabe que le seguimos desde el primer momento. Jo, me ha chafado mi récord. Nunca me habían pillado...
-No, los ángeles no recibimos ningún tipo de entrenamiento. ¿Pero sabes cuántos secretos hay en Abbise? Uno tiene que ser muy bueno para enterarse de las cosas interesantes-respondió Vance, poniéndose a su lado.
-¿No se os ha ocurrido inventar los programas del corazón?
-Bueno, tenemos los Grandes Paneles, con los que podemos ver cualquier lugar de la Tierra. Y créeme, hay algunos lugares que son auténticos culebrones.
Kat iba a decir algo, pero Vance le indicó con un gesto que no hiciese ruido y, levantándola con un brazo, retrocedió unos cuantos metros y saltó al edificio de al lado, que tenía un pequeño muro bordeando la azotea.
-¿Qué pasa?-preguntó Kat en susurros, tumbándose para que el muro la cubriese.
-Que Alaric acaba de llegar y ha subido a la azotea del hospital para ver si estábamos ahí-respondió Vance, también en susurros-. Vamos a ver si ya ha vuelto a bajar...
Y según hablaba, sacó su adapse y recortó el cemento que bordeaba un ladrillo, para luego, con cuidado, retirarlo.
A través del pequeño agujero vio al renegado rascándose la nuca extrañado y sacando algo de su bolsillo.
Sin darle explicaciones, Vance le sacó el móvil a Kat del bolsillo y lo apagó un segundo antes de que empezase a sonar.
-¿Kat? ¿Vance?-les llamó Alaric, buscándoles en alguna azotea.
Al ver que nadie le respondía saltó a otra azotea y, aprovechando la distancia, Vance arrastró a Katrin hasta el lado opuesto de la azotea y, de un salto, se escondieron entre las hojas de un árbol.
-¿No te parece exagerado hacer esto por un beso?-preguntó Kat, a pesar de que estaba disfrutando cada maniobra que el ángel hacía.
-Ehms...-Vance pareció pensárselo-. No, no me lo parece. ¿Quieres que lo dejemos?
Kat negó con la cabeza y miró hacia el cielo, viendo a través de las hojas a su amigo asomándose por encima del muro.
-Vale, creo que ya se ha rendido-susurró el joven cuando vio que Alaric descendía hasta la calle y caminaba en dirección al hospital-. Ahora, a buscar un buen sitio desde el que observar la escena.
El joven subió a Kat a su espalda y, con un salto rápido, descendió a la acera, acercándose a la esquina para tener una buena vista de la entrada del hospital.
Ahren y Alaric se estaban dando la mano amistosamente cerca de la moto del segundo. Después de un rato hablando, Kat bostezó.
-¿Tú oyes algo?-preguntó entre susurros.
-No, pero les leo los labios-respondió Vance-. Y lo más picante que se han dicho es 'Menudo calor hace hoy'. Es tristísimo molestarnos en espiar a alguien así de soso.
-Bueno, tú dale tiempo, que dicen que Ahren es atrevido como él solo-repuso Kat, sonriendo.
-¿Y quién dice eso? ¿Alguna novia?
-No. Todas las que han querido serlo en algún momento. Pero este tío no se ha liado con nadie. Es más casto y puro que una maldita patata-contestó ella.
-Bueno, pues vale. Pero aquí estos dos se largan, y en una moto, o se agarran bien, o...-replicó Vance.
-¡Oh! ¡Oh! ¿Podemos coger un taxi y decir eso de '¡siga a esa moto!'?
-Creo que es más cómodo que te subas a mi espalda y vayamos volando. Pero te prometo que durante la próxima persecución pagaré el taxi.
Kat se subió de un salto, rodeando el cuello del joven con ambos brazos.
Vance extendió las alas y se alejó un par de metros del suelo, siguiendo la moto de Alaric haciendo eses 'para que no nos vea'.
-Oye, mientras viajamos tengo una duda importante-le susurró Katrin al oído-. ¿Tú tienes descendientes?
-Un hijo-respondió él.
-¿Con quién? ¿Alguna renegada interesante que vivía con uno de los Miembros?-preguntó ella, sonriendo.
-No, con una humana normal. María, de Judea-respondió Vance, encogiéndose de hombros-. La célula provocada por el vínculo entró en su vientre sin intervención mía, palabra.
-María... Virgen... ¡Coño! ¿Eres el padre de Jesucristo?
-Órdenes de Dios. Necesitábamos un mestizo para crear vínculos y por aquel entonces yo era su favorito-explicó él.
-¿Por aquel entonces? ¿Qué pasó después de eso?
De pronto Vance se puso rígido.
-Van a pararse. Si planean darse un morreo, será ahora, así que descendamos-replicó, bajando suavemente hasta detenerse en una esquina.
-¿Qué dicen?-preguntó Katrin, que no sabía leer los labios.
-'Muchas gracias por traerme', 'No es nada, tranquilo, no te preocupes. ¿Qué tal los deberes?', 'Bueno, más o menos. Pero en mates no me entero de nada', ¿Quieres que te ayude?'... En serio, cielo, búscate algún amigo con algo interesante que esconder-se quejó él, riéndose.
-Deja de tocar las narices y sigue diciéndome qué están diciendo-replicó Kat, riéndose también.
-Oh, mierda. Los hemos perdido-murmuró de pronto Vance-. '¿Quieres subir?'. Joder, yo no pensaba denunciarlos por escándalo público.
Ahren abrió la puerta del portal y entró. Alaric giró la cabeza en dirección a la esquina en la que se escondían Vance y Kat y movió los labios, siguiendo al joven.
-¿Qué ha dicho?-preguntó Katrin.
-Dice que sabe que le seguimos desde el primer momento. Jo, me ha chafado mi récord. Nunca me habían pillado...
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Capítuloo 12
lunes 1 de febrero de 2010
Capítulo 12, Parte 2
-Bien, ahora que estás contento después de darme una colleja-comenzó Alaric en cuanto Kat volvió a estar sentada en la cornisa-, ¿podemos ir a recoger a Ahren?
Katrin dibujó una sonrisa pero evitó decir nada.
-Bueno, si tanto empeño tienes...-aceptó Kat-. Pero tú llevas la moto para recogerle, ¿entendido?
-De acuerdo, pero no tengo ni idea de dónde está su casa-respondió él.
Vance levantó una ceja.
-Miente-comentó fríamente, sonriéndose.
Alaric se sonrojó y se levantó, ofendido, extendiendo las alas.
-¡No miento! ¿Por qué iba a saber dónde vive?-repuso poniéndose aún más rojo.
-Sabes dónde vive cada amigo de Katrin-respondió Vance, mordiéndose el labio inferior-. Descargaste los datos para poder protegerla mejor.
-¿Y tú cómo sabes eso? ¿Me has estado espiando?-preguntó Alaric, frunciendo el ceño.
-Solo un día, pero tu vida es soberanamente aburrida. Pero esto lo sé por tu ficha-respondió él enigmáticamente.
-¿Su ficha?-preguntó Katrin, interveniendo en la conversación-. ¿Cómo las del dominó?
-Kat, ¿cuántos renegados crees que hay en el mundo?-repuso Vance. Kat se encogió de hombros-. Pues deberías saber que apenas hay mil. Y como no son demasiados, tenemos a algunos ángeles un poco aburridos recogiendo información sobre ellos.
Alaric y Kat le miraron sorprendidos.
-¿Información?-preguntó él, arrastrando cada sílaba-. ¿Cuánta información?
Vance se encogió de hombros y sonrió.
-Depende del renegado. Si es muy poderoso, nos mantenemos bien informados. De los demás sabemos menos-contestó-. Por ejemplo, en tu ficha hay bastante información, aunque seas un Searcher.
-Supongo que no puedes decirnos qué información es esa, ¿verdad?-intervino Kat.
-¿Por qué no? Déjame que recuerde... Renegado de Nivel B. Serio, inteligente, manipulador, controlador, polifacético, superprotector, megalómano, dos descendientes conocidos, un hermano gemelo, Maestro de Vínculos de Nivel S+...
-¿Dos descendientes?-preguntó Kat, abriendo la boca-. ¿Con quién?
-Con Thara y con Joan-respondió Vance, encogiéndose de hombros-. No pienses mal, la reproducción de los ángeles es un poco diferente a la humana. Cuando hay un vínculo fuerte entre dos, sin importar el género, se forma una célula espontáneamente que se expande mediante el proceso de mitosis habitual hasta formar un ángel adulto.
-¿Con Joan?-exclamó Katrin, mirando a Alaric.
-Somos amigos desde hace mil quinientos años. ¿Qué esperabas? Con el tiempo los vínculos se vuelven más fuertes, y después de tantos años es normal-repuso él, encogiéndose de hombros-. Y no es por nada, pero vamos a llegar tarde a recoger a Ahren. Sobre todo si tengo que llevar la moto.
Vance descendió un poco e invitó a Katrin a subirse a su espalda de un salto, al tiempo que Alaric echaba a volar a toda velocidad a buscar su moto.
-¿En serio no hubo nada de sexo?-le preguntó Kat a Vance.
-¡NO SE TE OCURRA RESPONDER A ESO!-repuso la voz de Alaric, aunque hacía tiempo que no se le podía ver.
-¿Cómo ha podido oírnos?
-No nos ha oído-respondió Vance-. Es que eres muy previsible.
Kat sonrió y se apretó más a Vance, sintiendo el calor de su cuerpo a través de la ropa.
De su cuerpo perfecto.
Al darse cuenta de que se estaba poniendo caliente al pensar en el ángel se reprimió mentalmente y se mordió el labio hasta hacerse sangre para evitar volver a pensar en ello.
Antes de darse cuenta, Vance se había detenido en la azotea de un edificio y estaba agachado, invitándola a bajar.
-Oye-comenzó a decir con una sonrisa traviesa-. ¿Qué te parece si fingimos que no estamos aquí y espiamos a ver qué hacen esos dos?
Kat también sonrió.
-¿No se dará cuenta de que estamos aquí?-preguntó ella.
-Si yo me empeño en que no lo haga, no se enterará-contestó Vance-. Soy el mejor en espionaje y contraespionaje desde siempre.
Katrin puso gesto pensativo.
-¿Es moralmente correcto?
-No creo. Pero si se besan merecerá la pena solo por la imagen-respondió él, sonriendo otra vez.
Ante aquella sonrisa no podía hacer nada que no fuese aceptar y obedecer ciegamente.
Katrin dibujó una sonrisa pero evitó decir nada.
-Bueno, si tanto empeño tienes...-aceptó Kat-. Pero tú llevas la moto para recogerle, ¿entendido?
-De acuerdo, pero no tengo ni idea de dónde está su casa-respondió él.
Vance levantó una ceja.
-Miente-comentó fríamente, sonriéndose.
Alaric se sonrojó y se levantó, ofendido, extendiendo las alas.
-¡No miento! ¿Por qué iba a saber dónde vive?-repuso poniéndose aún más rojo.
-Sabes dónde vive cada amigo de Katrin-respondió Vance, mordiéndose el labio inferior-. Descargaste los datos para poder protegerla mejor.
-¿Y tú cómo sabes eso? ¿Me has estado espiando?-preguntó Alaric, frunciendo el ceño.
-Solo un día, pero tu vida es soberanamente aburrida. Pero esto lo sé por tu ficha-respondió él enigmáticamente.
-¿Su ficha?-preguntó Katrin, interveniendo en la conversación-. ¿Cómo las del dominó?
-Kat, ¿cuántos renegados crees que hay en el mundo?-repuso Vance. Kat se encogió de hombros-. Pues deberías saber que apenas hay mil. Y como no son demasiados, tenemos a algunos ángeles un poco aburridos recogiendo información sobre ellos.
Alaric y Kat le miraron sorprendidos.
-¿Información?-preguntó él, arrastrando cada sílaba-. ¿Cuánta información?
Vance se encogió de hombros y sonrió.
-Depende del renegado. Si es muy poderoso, nos mantenemos bien informados. De los demás sabemos menos-contestó-. Por ejemplo, en tu ficha hay bastante información, aunque seas un Searcher.
-Supongo que no puedes decirnos qué información es esa, ¿verdad?-intervino Kat.
-¿Por qué no? Déjame que recuerde... Renegado de Nivel B. Serio, inteligente, manipulador, controlador, polifacético, superprotector, megalómano, dos descendientes conocidos, un hermano gemelo, Maestro de Vínculos de Nivel S+...
-¿Dos descendientes?-preguntó Kat, abriendo la boca-. ¿Con quién?
-Con Thara y con Joan-respondió Vance, encogiéndose de hombros-. No pienses mal, la reproducción de los ángeles es un poco diferente a la humana. Cuando hay un vínculo fuerte entre dos, sin importar el género, se forma una célula espontáneamente que se expande mediante el proceso de mitosis habitual hasta formar un ángel adulto.
-¿Con Joan?-exclamó Katrin, mirando a Alaric.
-Somos amigos desde hace mil quinientos años. ¿Qué esperabas? Con el tiempo los vínculos se vuelven más fuertes, y después de tantos años es normal-repuso él, encogiéndose de hombros-. Y no es por nada, pero vamos a llegar tarde a recoger a Ahren. Sobre todo si tengo que llevar la moto.
Vance descendió un poco e invitó a Katrin a subirse a su espalda de un salto, al tiempo que Alaric echaba a volar a toda velocidad a buscar su moto.
-¿En serio no hubo nada de sexo?-le preguntó Kat a Vance.
-¡NO SE TE OCURRA RESPONDER A ESO!-repuso la voz de Alaric, aunque hacía tiempo que no se le podía ver.
-¿Cómo ha podido oírnos?
-No nos ha oído-respondió Vance-. Es que eres muy previsible.
Kat sonrió y se apretó más a Vance, sintiendo el calor de su cuerpo a través de la ropa.
De su cuerpo perfecto.
Al darse cuenta de que se estaba poniendo caliente al pensar en el ángel se reprimió mentalmente y se mordió el labio hasta hacerse sangre para evitar volver a pensar en ello.
Antes de darse cuenta, Vance se había detenido en la azotea de un edificio y estaba agachado, invitándola a bajar.
-Oye-comenzó a decir con una sonrisa traviesa-. ¿Qué te parece si fingimos que no estamos aquí y espiamos a ver qué hacen esos dos?
Kat también sonrió.
-¿No se dará cuenta de que estamos aquí?-preguntó ella.
-Si yo me empeño en que no lo haga, no se enterará-contestó Vance-. Soy el mejor en espionaje y contraespionaje desde siempre.
Katrin puso gesto pensativo.
-¿Es moralmente correcto?
-No creo. Pero si se besan merecerá la pena solo por la imagen-respondió él, sonriendo otra vez.
Ante aquella sonrisa no podía hacer nada que no fuese aceptar y obedecer ciegamente.
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Capítuloo 12
miércoles 27 de enero de 2010
Capítulo 12, Parte 1
a'Sin consecuencias'
Vance dejó los cuerpos de los tres jóvenes en un banco cerca del hospital, asegurándose de que nadie le veía.
Katrin estaba con Alaric, sentada en una cornisa del hospital con los pies colgando.
-Kat... ¿Puedo preguntarte algo?-murmuró Alaric mientras observaban al ángel caminando-. ¿Por qué confías en él?
-Alaric, si esto es porque desconfías de los ángeles...
-No, no digo por eso. Digo en general. ¿Por qué confías en la gente?-insistió él, mordiéndose el labio inferior.
-Pues... No sé. En ti confío porque me has contado la verdad sobre todo lo de breakers y tailors. En Joan porque tiene encanto y se hace de querer. Y en Vance... Porque no me ha fallado hasta ahora-explicó Kat.
-No ha tenido tiempo de fallarte-repuso Alaric.
-Cierto. Pero no se separa de mí ni para ir al baño-respondió Katrin.
-No necesita ir al baño. Los ángeles no lo necesitamos-insistió él.
Katrin sonrió y se encogió de hombros.
-Bueno, pues entonces confío en él sin motivos. No estarás celoso, ¿no?-bromeó, apoyando su cabeza en el hombro de su amigo.
-No, sigo preocupado. ¿Y si se hubiera equivocado de puerta?
Katrin se encogió de hombros.
-No soy tan especial. Hay muchos breakers en este mundo a los que podrías enlazarte-respondió-. No entiendo que te preocupes tanto por alguien que, más tarde o más temprano, va a morir.
-Y yo no entiendo que te valores tan poco. Cada breaker es importante para mí-repuso Alaric-. No quiero perderte porque un ángel se dedique a hacer apuestas sin fundamentos.
-Tenía mis razones para creer que era esa puerta en concreto la que debía abrir-repuso Vance, apareciendo de pronto delante de ellos.
-¿No decías que fue una corazonada?-preguntó Alaric, enarcando una ceja.
-Bueno, es matemática avanzada de probabilidades-respondió Vance.
Y acto seguido comenzó a soltar una fórmula algebráica de la que Katrin apenas entendía las equis.
-Así que es eso...-murmuró Alaric, asintiendo con la cabeza.
-¿Lo has entendido?-le preguntó Katrin al oído, mirando a Vance de reojo.
-Las equis, sí-respondió Alaric, también en susurros-. Bueno, vale. Pero entonces no es una corazonada.
-¿No me has escuchado mientras hablaba?-preguntó Vance, poniendo los ojos en blanco-. Esta fórmula propone dos puertas posibles. Así se aumenta la probabilidad de acertar al cincuenta por ciento. Hay tratados enteros sobre el tema. ¿No has entrado nunca en la Real Biblioteca?
-Eso está en Abbise, ¿no?-preguntó Kat, recordando una antigua conversación con Alaric-. ¿Qué fue lo que dijiste...? Ah, ya. 'Ahí solo entraban los empollones y los idiotas. Y mi hermano, que era ambas cosas'.
Alaric bajó la cabeza, un poco avergonzado.
-Adelante...-murmuró entre dientes-. Dame una colleja...
Vance sonrió enigmáticamente.
-Oh, que te dé una colleja no te molesta demasiado. Pido un abrazo de quince segundos, que sé que te jode de verdad-contestó él, abriendo los brazos.
-Ah, no. Ni de broma. Además, eso también te tendría que molestar a ti-repuso Alaric.
-En realidad a mí me es indiferente. Pero saber que te fastidia hace que me encante-explicó Vance, sonriendo ampliamente.
-Dame una colleja, por favor. O dos. O cinco. Lo que sea menos eso-suplicó Alaric, pegándose más al muro.
-¿Lo-que-sea?-preguntó Katrin, sonriendo siniestramente y mirando a Vance a los ojos-. ¿Te molestaría mucho darle un beso?
El joven también sonrió y luego volvió a mirar a Alaric, que casi temblaba de miedo.
-Oh, bueno... Una colleja-aceptó al fin, compadeciéndose de él.
Katrin suspiró con resignación; Alaric, con alivio.
El golpe sonó hasta a pie de calle, y bastantes personas levantaron la cabeza para mirar a los jóvenes. Enseguida bajaron la mirada y olvidaron todo lo que habían visto.
-Joder-murmuró Katrin entre risas-. Te has pasado, tío...
De pronto notó que la cornisa dejaba de estar debajo de ella para estar a su lado y sintió vértigo.
Antes de que pudiese darse cuenta, Vance la recogió en el aire.
-Eres el Miembro más difícil de proteger que he conocido hasta ahora-le susurró al oído mientras volvía a ascender hasta donde estaba Alaric.
Vance dejó los cuerpos de los tres jóvenes en un banco cerca del hospital, asegurándose de que nadie le veía.
Katrin estaba con Alaric, sentada en una cornisa del hospital con los pies colgando.
-Kat... ¿Puedo preguntarte algo?-murmuró Alaric mientras observaban al ángel caminando-. ¿Por qué confías en él?
-Alaric, si esto es porque desconfías de los ángeles...
-No, no digo por eso. Digo en general. ¿Por qué confías en la gente?-insistió él, mordiéndose el labio inferior.
-Pues... No sé. En ti confío porque me has contado la verdad sobre todo lo de breakers y tailors. En Joan porque tiene encanto y se hace de querer. Y en Vance... Porque no me ha fallado hasta ahora-explicó Kat.
-No ha tenido tiempo de fallarte-repuso Alaric.
-Cierto. Pero no se separa de mí ni para ir al baño-respondió Katrin.
-No necesita ir al baño. Los ángeles no lo necesitamos-insistió él.
Katrin sonrió y se encogió de hombros.
-Bueno, pues entonces confío en él sin motivos. No estarás celoso, ¿no?-bromeó, apoyando su cabeza en el hombro de su amigo.
-No, sigo preocupado. ¿Y si se hubiera equivocado de puerta?
Katrin se encogió de hombros.
-No soy tan especial. Hay muchos breakers en este mundo a los que podrías enlazarte-respondió-. No entiendo que te preocupes tanto por alguien que, más tarde o más temprano, va a morir.
-Y yo no entiendo que te valores tan poco. Cada breaker es importante para mí-repuso Alaric-. No quiero perderte porque un ángel se dedique a hacer apuestas sin fundamentos.
-Tenía mis razones para creer que era esa puerta en concreto la que debía abrir-repuso Vance, apareciendo de pronto delante de ellos.
-¿No decías que fue una corazonada?-preguntó Alaric, enarcando una ceja.
-Bueno, es matemática avanzada de probabilidades-respondió Vance.
Y acto seguido comenzó a soltar una fórmula algebráica de la que Katrin apenas entendía las equis.
-Así que es eso...-murmuró Alaric, asintiendo con la cabeza.
-¿Lo has entendido?-le preguntó Katrin al oído, mirando a Vance de reojo.
-Las equis, sí-respondió Alaric, también en susurros-. Bueno, vale. Pero entonces no es una corazonada.
-¿No me has escuchado mientras hablaba?-preguntó Vance, poniendo los ojos en blanco-. Esta fórmula propone dos puertas posibles. Así se aumenta la probabilidad de acertar al cincuenta por ciento. Hay tratados enteros sobre el tema. ¿No has entrado nunca en la Real Biblioteca?
-Eso está en Abbise, ¿no?-preguntó Kat, recordando una antigua conversación con Alaric-. ¿Qué fue lo que dijiste...? Ah, ya. 'Ahí solo entraban los empollones y los idiotas. Y mi hermano, que era ambas cosas'.
Alaric bajó la cabeza, un poco avergonzado.
-Adelante...-murmuró entre dientes-. Dame una colleja...
Vance sonrió enigmáticamente.
-Oh, que te dé una colleja no te molesta demasiado. Pido un abrazo de quince segundos, que sé que te jode de verdad-contestó él, abriendo los brazos.
-Ah, no. Ni de broma. Además, eso también te tendría que molestar a ti-repuso Alaric.
-En realidad a mí me es indiferente. Pero saber que te fastidia hace que me encante-explicó Vance, sonriendo ampliamente.
-Dame una colleja, por favor. O dos. O cinco. Lo que sea menos eso-suplicó Alaric, pegándose más al muro.
-¿Lo-que-sea?-preguntó Katrin, sonriendo siniestramente y mirando a Vance a los ojos-. ¿Te molestaría mucho darle un beso?
El joven también sonrió y luego volvió a mirar a Alaric, que casi temblaba de miedo.
-Oh, bueno... Una colleja-aceptó al fin, compadeciéndose de él.
Katrin suspiró con resignación; Alaric, con alivio.
El golpe sonó hasta a pie de calle, y bastantes personas levantaron la cabeza para mirar a los jóvenes. Enseguida bajaron la mirada y olvidaron todo lo que habían visto.
-Joder-murmuró Katrin entre risas-. Te has pasado, tío...
De pronto notó que la cornisa dejaba de estar debajo de ella para estar a su lado y sintió vértigo.
Antes de que pudiese darse cuenta, Vance la recogió en el aire.
-Eres el Miembro más difícil de proteger que he conocido hasta ahora-le susurró al oído mientras volvía a ascender hasta donde estaba Alaric.
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Capítuloo 12
lunes 25 de enero de 2010
Capítulo 11, Parte 9
Por una de las calles llegaron tres jóvenes, dos chicos y una chica.
Ella, que iba en el medio, tenía el pelo rubio corto y la piel muy blanca, que contrastaba con el vestidito negro que llevaba. Los ojos no se veían a través de las gafas de espejo que llevaba.
Por su parte, los dos chicos eran idénticos, con la piel oscura, el pelo negro y una sonrisa inquietante. Ellos también llevaban gafas de sol, pero uno de ellos se las había retirado, dejando a la vista unos enormes ojos de color marrón.
La chica se detuvo a unos cuantos pasos de Kat, mirándola de arriba a abajo con descaro. Por su parte, los otros dos tailors se fijaron en Alaric y Vance.
-¿Querías algo, niña?-preguntó la joven, sonriendo con suficiencia.
Katrin ladeó la cabeza y la miró fijamente a las gafas. Después, ignorándola, se dirigió a Alaric:
-¿En serio son estos?-preguntó, señalándolos con el pulgar-. Me tienes en muy baja estima, ¿no? Porque estos son bastante simplones.
Ninguno de los tres tailors mostró ningún tipo de emoción ante los evidentes insultos de la joven.
-Kat, no insultes-replicó Vance, fingiendo seriedad-. Los pobres no tienen la culpa de ser simples, y seguro que preferirían no serlo.
Katrin no pudo contener una sonrisa, pero giró sobre sus talones y volvió a ponerse seria.
-Bueno, terminemos rápido. Alaric, ¿los mato o simplemente les rompo el vínculo?-preguntó ella fríamente.
Aunque la joven se mantuvo seria, los dos chicos no pudieron reprimir un escalofrío.
-Kara, no deberíamos buscarnos más problemas-murmuró uno de los dos, acercándose a ella.
Ella le miró con rabia y le dio una bofetada.
-Cállate. Aquí ninguno de los dos tiene voz ni voto-respondió ella con frialdad.
-A ella debería matarla-dijo Katrin hablando con Alaric-. Cada vez tengo más claro que es una zorra.
-¡Katrin!-exclamó Alaric, escandalizado-. No deberías decir cosas como esas.
-Exacto-corroboró Vance-. Las zorras no te han hecho nada para que las insultes.
-¡Vance!-exclamó de nuevo Alaric-. Dios, sois tal para cual... No mates a ninguno de los tres, ¿vale?
Kat puso los ojos en blanco y asintió con la cabeza.
Tardó menos de un segundo en encontrar los vínculos de los tres y otro en llegar a aquella especie de sala llena de puertas.
-Katrin, ten cuidado al elegir-le susurró la voz de Alaric al oído.
Al contrario que la última vez, solo había dos puertas, una azul y una verde.
-Veo dos-murmuró en voz alta.
-¿De qué colores?-preguntó Vance cerca de su otra oreja.
-Azul y verde-respondió Kat, mordiéndose el labio inferior-. ¿Cuál abro?
-La azul-respondieron ambos jóvenes al tiempo.
Katrin no dudó ni un momento y abrió la puerta que sus amigos le indicaban. Un grito de dolor ahogado le llegó bastante apagado, y supo que aquello era el vínculo de uno de los dos jóvenes.
Aparecieron otras dos puertas, una roja y otra negra.
Alaric y Vance le indicaron que abriese la negra. Otro grito de dolor le indicó que había dado con el segundo joven.
Le pareció oír una especie de amenaza por parte de la joven, pero no pudo distinguir qué había dicho.
En aquella ocasión aparecieron casi diez puertas de distintas tonalidades de morado.
-Oh...-murmuró Vance.
-¿Oh?-preguntó Katrin-. ¿Qué quiere decir 'oh'?
-Pues que ella es mucho más fuerte que los otros dos-respondió Vance-. A ver... ¿Tienen número?-Kat negó con la cabeza-. ¿Pomos diferentes? ¿Bisagras de distintos colores?-negó dos veces-. Pues... Coge la que esté más a la derecha.
-¿Por qué?-preguntó Katrin, mordiéndose el labio inferior.
-Una corazonada-respondió Vance.
Aunque Kat no podía verle, supo que estaba sonriendo.
-Bien... Si acabo mal, te mato. ¿Entendido?-comentó ella, caminando hacia la puerta.
Con cuidado, giró el pomo y abrió la puerta, cruzando los dedos. Kara gritó de dolor.
-Acerté-exclamó Vance, poniéndole a Katrin una mano en el hombro.
Ella abrió los ojos y miró a los tres jóvenes, que estaban tumbados en el suelo desmayados.
Alaric se acercó al ángel y le dio una colleja, visiblemente enfadado.
-¿Y te arriesgas así, diciéndole una puerta al azar?-le recriminó, señalándole con el dedo-. ¿Te parece normal? ¿Y si hubiese muerto?
Vance se mordió el labio y bajó la mirada.
-Venga, no te lo tomes así-repuso Katrin, dándole unos golpecitos en el hombro al renegado-. Ha salido bien, ¿no? Pues eso, dale un abrazo a Vance y discúlpate por haber sido tan duro.
-Ni de broma-respondió Alaric, cruzándose de brazos.
Kat le miró fijamente hasta que, molesto, le dio un abrazo rápido a Vance.
-Lo siento-murmuró entre dientes-. ¿Ya estás contenta?
-Hombre, yo preferiría que os morreaseis, por eso del morbo, pero eso ya sería pedir demasiado-respondió ella, sonriendo-. Vamos a llevar a estos tres al hospital.
Ella, que iba en el medio, tenía el pelo rubio corto y la piel muy blanca, que contrastaba con el vestidito negro que llevaba. Los ojos no se veían a través de las gafas de espejo que llevaba.
Por su parte, los dos chicos eran idénticos, con la piel oscura, el pelo negro y una sonrisa inquietante. Ellos también llevaban gafas de sol, pero uno de ellos se las había retirado, dejando a la vista unos enormes ojos de color marrón.
La chica se detuvo a unos cuantos pasos de Kat, mirándola de arriba a abajo con descaro. Por su parte, los otros dos tailors se fijaron en Alaric y Vance.
-¿Querías algo, niña?-preguntó la joven, sonriendo con suficiencia.
Katrin ladeó la cabeza y la miró fijamente a las gafas. Después, ignorándola, se dirigió a Alaric:
-¿En serio son estos?-preguntó, señalándolos con el pulgar-. Me tienes en muy baja estima, ¿no? Porque estos son bastante simplones.
Ninguno de los tres tailors mostró ningún tipo de emoción ante los evidentes insultos de la joven.
-Kat, no insultes-replicó Vance, fingiendo seriedad-. Los pobres no tienen la culpa de ser simples, y seguro que preferirían no serlo.
Katrin no pudo contener una sonrisa, pero giró sobre sus talones y volvió a ponerse seria.
-Bueno, terminemos rápido. Alaric, ¿los mato o simplemente les rompo el vínculo?-preguntó ella fríamente.
Aunque la joven se mantuvo seria, los dos chicos no pudieron reprimir un escalofrío.
-Kara, no deberíamos buscarnos más problemas-murmuró uno de los dos, acercándose a ella.
Ella le miró con rabia y le dio una bofetada.
-Cállate. Aquí ninguno de los dos tiene voz ni voto-respondió ella con frialdad.
-A ella debería matarla-dijo Katrin hablando con Alaric-. Cada vez tengo más claro que es una zorra.
-¡Katrin!-exclamó Alaric, escandalizado-. No deberías decir cosas como esas.
-Exacto-corroboró Vance-. Las zorras no te han hecho nada para que las insultes.
-¡Vance!-exclamó de nuevo Alaric-. Dios, sois tal para cual... No mates a ninguno de los tres, ¿vale?
Kat puso los ojos en blanco y asintió con la cabeza.
Tardó menos de un segundo en encontrar los vínculos de los tres y otro en llegar a aquella especie de sala llena de puertas.
-Katrin, ten cuidado al elegir-le susurró la voz de Alaric al oído.
Al contrario que la última vez, solo había dos puertas, una azul y una verde.
-Veo dos-murmuró en voz alta.
-¿De qué colores?-preguntó Vance cerca de su otra oreja.
-Azul y verde-respondió Kat, mordiéndose el labio inferior-. ¿Cuál abro?
-La azul-respondieron ambos jóvenes al tiempo.
Katrin no dudó ni un momento y abrió la puerta que sus amigos le indicaban. Un grito de dolor ahogado le llegó bastante apagado, y supo que aquello era el vínculo de uno de los dos jóvenes.
Aparecieron otras dos puertas, una roja y otra negra.
Alaric y Vance le indicaron que abriese la negra. Otro grito de dolor le indicó que había dado con el segundo joven.
Le pareció oír una especie de amenaza por parte de la joven, pero no pudo distinguir qué había dicho.
En aquella ocasión aparecieron casi diez puertas de distintas tonalidades de morado.
-Oh...-murmuró Vance.
-¿Oh?-preguntó Katrin-. ¿Qué quiere decir 'oh'?
-Pues que ella es mucho más fuerte que los otros dos-respondió Vance-. A ver... ¿Tienen número?-Kat negó con la cabeza-. ¿Pomos diferentes? ¿Bisagras de distintos colores?-negó dos veces-. Pues... Coge la que esté más a la derecha.
-¿Por qué?-preguntó Katrin, mordiéndose el labio inferior.
-Una corazonada-respondió Vance.
Aunque Kat no podía verle, supo que estaba sonriendo.
-Bien... Si acabo mal, te mato. ¿Entendido?-comentó ella, caminando hacia la puerta.
Con cuidado, giró el pomo y abrió la puerta, cruzando los dedos. Kara gritó de dolor.
-Acerté-exclamó Vance, poniéndole a Katrin una mano en el hombro.
Ella abrió los ojos y miró a los tres jóvenes, que estaban tumbados en el suelo desmayados.
Alaric se acercó al ángel y le dio una colleja, visiblemente enfadado.
-¿Y te arriesgas así, diciéndole una puerta al azar?-le recriminó, señalándole con el dedo-. ¿Te parece normal? ¿Y si hubiese muerto?
Vance se mordió el labio y bajó la mirada.
-Venga, no te lo tomes así-repuso Katrin, dándole unos golpecitos en el hombro al renegado-. Ha salido bien, ¿no? Pues eso, dale un abrazo a Vance y discúlpate por haber sido tan duro.
-Ni de broma-respondió Alaric, cruzándose de brazos.
Kat le miró fijamente hasta que, molesto, le dio un abrazo rápido a Vance.
-Lo siento-murmuró entre dientes-. ¿Ya estás contenta?
-Hombre, yo preferiría que os morreaseis, por eso del morbo, pero eso ya sería pedir demasiado-respondió ella, sonriendo-. Vamos a llevar a estos tres al hospital.
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Capítuloo 11
viernes 22 de enero de 2010
Capítulo 11, Parte 8
Vance se acercó de nuevo el objeto a los labios y susurró algo que Katrin no llegó a oír.
De pronto, Kat sintió que el aire le faltaba y tragó oxígeno con todas sus fuerzas, volviendo a su cuerpo.
Notó la respiración regular del ángel delante de ella y su pecho hinchándose y vaciándose de aire a escasos centímetros de su cara.
Sonrojada, Kat abrió la puerta del cuartito torpemente y salió atropelladamente al recibidor, tropezándose con sus propios pies, que de pronto le resultaban pesados.
Antes de llegar a sentir el suelo, las manos de Vance la rodearon y la sostuvieron unos centímetros de la madera.
-¿Qué pasa?-preguntó el joven, extrañado.
'Pues que estás muy bueno y me cuesta estar tan cerca de ti sin besarte' pensó Katrin.
-Nada, solo que soy... ehm... un poco... claustrofóbica-mintió ella, tratando de resultar convincente.
-No me pareció que lo fueras cuando entramos-replicó Vance, mirándola fijamente.
-Bueno, eso es porque... solo me entra cuando llevo demasiado tiempo en un sitio-improvisó ella, apartando la mirada y quitándose un mechón de pelo de delante de la cara-. ¿Cuánto llevamos ahí dentro?
Vance sonrió.
-Exactamente el tiempo que llevamos en el plano, no hay una diferencia temporal entre este mundo y la ilusión-respondió él, extrañamente orgulloso-. Yo mismo me encargué de que así fuera.
Katrin asintió con la cabeza secamente y se mordió el labio inferior.
-Oye, Vance... Tengo una duda-comenzó a decir, sonrojándose más aún-. ¿Los ángeles pueden... enamorarse?
El joven enarcó una ceja.
-En principio, no, pero siempre podría cambiar-respondió él, pensando cada palabra-. Es decir, quizá después de mucho tiempo en el mundo humano se podría desarrollar el sentimiento. Aunque nunca ha pasado hasta ahora-se apresuró a añadir-. ¿Por qué lo preguntas?
A Katrin se le formó un nudo en la garganta y, después de tragar saliva con esfuerzo, abrió la boca para inventar una respuesta que tuviera sentido.
-P-Por nada, por Alaric... Es que creo que le gusta un amigo mío...
-Yo diría que, en todo caso, le gustas tú-replicó él, encogiéndose de hombros-. Pero sigo viéndolo difícil, lo más probable es que sean imaginaciones tuyas. Sea como sea, volvamos pronto a tu casa. Tu tío se va a despertar en cualquier momento.
Katrin se subió a la espalda de Vance y, en un segundo, empezaron el camino a casa de Katrin a toda velocidad.
Alaric estaba esperándoles sentado en el tejado, extrañamente alegre.
-Hola, Katrin. Hola, Vance-saludó, acompañando las palabras con un gesto-. ¿Dónde habéis estado? Bueno, no importa. Dile hola a tu tío y vámonos a Zurich.
-¿No está demasiado contento?-le susurró Vance a Katrin.
-Sí. Me da que le hace mucha ilusión tocarle las narices a unos cuantos tailors-respondió ella, también en susurros para que Alaric no les oyese.
Kat abrió la puerta del cuarto y bajó las escaleras. Su tío estaba en el salón, sentado a la mesa con una taza de café.
-Buenos días, cielo-saludó él, sonriéndole.
-Buenas-respondió ella, dándole dos besos-. Oye, ¿puedo ir a Zurich a pasar el día con una amiga?
Katrin pensó enseguida en recurrir a sus poderes de breaker, pero se contuvo y esperó a la respuesta.
-Ehms... Sí, claro, no hay problema...-respondió Frank, dándole un sorbo a su café-. Pero vuelve pronto, ¿eh?
-Por supuesto.
Katrin subió las escaleras de dos en dos, dejando abajo a su tío sentado en el salón.
-Muy bien hecho, Frank-susurró Klaus, sonriendo-. Es mejor así, cuantos más tailors destroce menos tiempo para meterse en mis asuntos tendrá.
Frank asintió con la cabeza y, después de un último sorbo de café, cayó inconsciente un segundo.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué hora es?-preguntó enseguida.
Klaus solo se rió por lo bajo y volvió a la cocina.
-¿Dónde están esos tailors de los que hablabas?-preguntó Katrin, bajándose de la espalda de Alaric.
-No creo que tarden mucho en venir-respondió él-. Y luego podríamos ir al hospital, para acompañar a Ahren a su casa.
Katrin le dirigió una mirada cómplice a Vance.
-¡A Alaric le mola Ahren, a Alaric le mola Ahren!-empezaron a cantar los dos a coro, riéndose.
Alaric puso los ojos en blanco y sonrió.
-Da igual lo que digas-replicó él, encogiéndose de hombros-. Sea como sea, los tailors están allí.
De pronto, Kat sintió que el aire le faltaba y tragó oxígeno con todas sus fuerzas, volviendo a su cuerpo.
Notó la respiración regular del ángel delante de ella y su pecho hinchándose y vaciándose de aire a escasos centímetros de su cara.
Sonrojada, Kat abrió la puerta del cuartito torpemente y salió atropelladamente al recibidor, tropezándose con sus propios pies, que de pronto le resultaban pesados.
Antes de llegar a sentir el suelo, las manos de Vance la rodearon y la sostuvieron unos centímetros de la madera.
-¿Qué pasa?-preguntó el joven, extrañado.
'Pues que estás muy bueno y me cuesta estar tan cerca de ti sin besarte' pensó Katrin.
-Nada, solo que soy... ehm... un poco... claustrofóbica-mintió ella, tratando de resultar convincente.
-No me pareció que lo fueras cuando entramos-replicó Vance, mirándola fijamente.
-Bueno, eso es porque... solo me entra cuando llevo demasiado tiempo en un sitio-improvisó ella, apartando la mirada y quitándose un mechón de pelo de delante de la cara-. ¿Cuánto llevamos ahí dentro?
Vance sonrió.
-Exactamente el tiempo que llevamos en el plano, no hay una diferencia temporal entre este mundo y la ilusión-respondió él, extrañamente orgulloso-. Yo mismo me encargué de que así fuera.
Katrin asintió con la cabeza secamente y se mordió el labio inferior.
-Oye, Vance... Tengo una duda-comenzó a decir, sonrojándose más aún-. ¿Los ángeles pueden... enamorarse?
El joven enarcó una ceja.
-En principio, no, pero siempre podría cambiar-respondió él, pensando cada palabra-. Es decir, quizá después de mucho tiempo en el mundo humano se podría desarrollar el sentimiento. Aunque nunca ha pasado hasta ahora-se apresuró a añadir-. ¿Por qué lo preguntas?
A Katrin se le formó un nudo en la garganta y, después de tragar saliva con esfuerzo, abrió la boca para inventar una respuesta que tuviera sentido.
-P-Por nada, por Alaric... Es que creo que le gusta un amigo mío...
-Yo diría que, en todo caso, le gustas tú-replicó él, encogiéndose de hombros-. Pero sigo viéndolo difícil, lo más probable es que sean imaginaciones tuyas. Sea como sea, volvamos pronto a tu casa. Tu tío se va a despertar en cualquier momento.
Katrin se subió a la espalda de Vance y, en un segundo, empezaron el camino a casa de Katrin a toda velocidad.
Alaric estaba esperándoles sentado en el tejado, extrañamente alegre.
-Hola, Katrin. Hola, Vance-saludó, acompañando las palabras con un gesto-. ¿Dónde habéis estado? Bueno, no importa. Dile hola a tu tío y vámonos a Zurich.
-¿No está demasiado contento?-le susurró Vance a Katrin.
-Sí. Me da que le hace mucha ilusión tocarle las narices a unos cuantos tailors-respondió ella, también en susurros para que Alaric no les oyese.
Kat abrió la puerta del cuarto y bajó las escaleras. Su tío estaba en el salón, sentado a la mesa con una taza de café.
-Buenos días, cielo-saludó él, sonriéndole.
-Buenas-respondió ella, dándole dos besos-. Oye, ¿puedo ir a Zurich a pasar el día con una amiga?
Katrin pensó enseguida en recurrir a sus poderes de breaker, pero se contuvo y esperó a la respuesta.
-Ehms... Sí, claro, no hay problema...-respondió Frank, dándole un sorbo a su café-. Pero vuelve pronto, ¿eh?
-Por supuesto.
Katrin subió las escaleras de dos en dos, dejando abajo a su tío sentado en el salón.
-Muy bien hecho, Frank-susurró Klaus, sonriendo-. Es mejor así, cuantos más tailors destroce menos tiempo para meterse en mis asuntos tendrá.
Frank asintió con la cabeza y, después de un último sorbo de café, cayó inconsciente un segundo.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué hora es?-preguntó enseguida.
Klaus solo se rió por lo bajo y volvió a la cocina.
-¿Dónde están esos tailors de los que hablabas?-preguntó Katrin, bajándose de la espalda de Alaric.
-No creo que tarden mucho en venir-respondió él-. Y luego podríamos ir al hospital, para acompañar a Ahren a su casa.
Katrin le dirigió una mirada cómplice a Vance.
-¡A Alaric le mola Ahren, a Alaric le mola Ahren!-empezaron a cantar los dos a coro, riéndose.
Alaric puso los ojos en blanco y sonrió.
-Da igual lo que digas-replicó él, encogiéndose de hombros-. Sea como sea, los tailors están allí.
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