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miércoles 23 de diciembre de 2009

Capítulo 10, Parte 1

AAA"Traicionada"

Unos cuantos minutos después, Kat se levantó de la silla y apagó el ordenador.
Se miró en el cristal verde para asegurarse un aspecto decente para que su tío no sospechase que había estado llorando y salió del estudio, caminando a su habitación.
Sentado en su cama estaba Alaric, que había vuelto a abrir la ventana y la miraba con la cabeza ladeada.
-¿Estás bien?-preguntó el joven, realmente dudando.
El vínculo de Kat era demasiado turbio como para distinguir el color, así que no estaba seguro.
-Sí, perfectamente-respondió ella fría y metálica.
La verdad es que su voz llevaba un tiempo sonando de aquella manera, así que Alaric no se sorprendió.
El ruido de pisadas hizo que, por acto reflejo, se levantase de un salto y saliese volando al tejado.
Klaus se asomó a la puerta.
-Vuelve a entrar Alaric. Ya lo sabe-comentó sin subir el tono de voz.
Los oídos desarrollados de Alaric le oyeron de todas formas, y el joven enseguida volvió a estar dentro de la habitación.
-¿Se lo has contado?-preguntó, con un deje de pánico en la voz.
Klaus sonrió maquiavélicamente pero negó con la cabeza una vez.
-No, Alaric, no se lo he contado-respondió el joven-. Es más lista de lo que creímos en un principio.
Alaric se puso aún más pálido, y miró a Kat fijamente a los ojos.
-¿Entonces lo... lo sabes TODO?-preguntó, al borde de un ataque de histeria.
-Alaric es un tailor, igual que lo fue mi padre. Y mi madre murió intentando liberar a mi padre-explicó Kat, cruzándose de brazos.
Le pareció que, de pronto, Alaric se relajaba y sus músculos dejaban de estar en tensión.
-¿Cómo lo supiste?-preguntó de pronto el joven Renegado.
-'Universum'-respondió Klaus, adelantándose a su hermana-. Siempre pensé que era una idiotez guardar esa colección de libros, ahora ya lo tengo claro.
-¿Y cómo lo supiste tú?-preguntó Katrin mirando a Alaric fijamente.
-Llevo muchos años en este mundo, Kat-respondió el joven sonriendo amablemente-. Sé diferenciar un tailor de un humano sin problemas.
-Déjame adivinar lo que vas a preguntar ahora-intervino Klaus al ver que su hermana iba a decir algo más-. ¿Y por qué no te lo dijo?
Alaric miró a Klaus con odio por encima del hombro y volvió a mirar a Kat fijamente a los ojos.
Notó que el joven intentaba acceder a su vínculo para manipularlo, pero se puso firme y devolvió el ataque, haciendo que Alaric se retorciese de dolor.
-Responde a la pregunta, Alaric-ordenó Katrin.
-Quería evitar esto-contestó el joven-. No quería que supieses que vivías con un spike que ha traicionado a tu propia especie. Pretendía que nunca lo supieses.
Katrin sintió un pinchazo de remordimientos por haber dudado de su amigo y se relajó, mirando a su hermano que se encogió de hombros.
-Para mí los traidores a la especie sois vosotros, pero...-replicó, sin dejar de sonreír-. Sea como sea, pienso que lo mejor es que finjamos ser una familia feliz, al menos de cara al mundo.
Y pasó una mano por la mejilla enrojecida de furia de Kat, que sintió un escalofrío pero se contuvo para no apartársela de un zarpazo.
-Hoy quiero cenar tarta.
Fue lo único que comentó antes de que su hermano saliese de la habitación dejándoles solos a ella y a Alaric.
-¿Estás bien?-preguntó de nuevo el joven abrazándola con cariño.
-Estoy perfectamente-respondió ella tratando de no sonar distante-. Siento haber dudado de ti. Y también siento haberte hecho daño.
El Renegado negó con la cabeza y sonrió, tratando de quitarle hierro al asunto.
-No te preocupes, debí contártelo desde el principio-le susurró al oído antes de tumbarse en la cama.

Entró sigilosamente y cerró la puerta tras de sí.
Estaba despierto, tal y como suponía.
-No es una...-comenzó a decir la voz-. Bah, a la mierda, haz lo que te venga en gana.
La joven sonrió con suficiencia y se sentó en el suelo frente al otro joven, que también sonreía.
-Sabía que vendrías-susurró el chico.
-Ayúdame a ser más poderosa-ordenó ella, también en susurros.
El joven amplió su sonrisa.
-¿Por qué quieres ser más poderosa?-preguntó él.
-Porque tengo una misión que cumplir y no puedo permitirme fallar.
El joven sonrió y, levantándose, arrastró a la chica al exterior, donde el suelo estaba plagado de charcos a medio congelar.
-Primero tendrás que mostrarme hasta que punto eres poderosa.
El sentimiento de que algo le taladraba la cabeza de lado a lado pareció bastar como respuesta.
-Has llegado lejos para no ser nada más que una tailor a media jornada-susurró el joven, masajeándose la sien-. Puede que algún día tenga que matarte.

lunes 21 de diciembre de 2009

Capítulo 9, Parte 4

Kat se pasó la hora entera buscando información en google sobre su madre, pero apenas se mencionaba la enfermedad más allá de un vago 'la escritora se encontraba mal desde hacía tiempo'.
De su padre, también escritor, tampoco encontró demasiado.
No se mencionaba dónde había nacido ni cuándo, solo se le nombraba como el mejor escritor en prosa de su generación.
La noticia de su muerte revolucionó más los medios que la de su madre, que quedó relegada a un segundo puesto en la escala de importancia.
Por fin una ventanita le anunció que había terminado la descarga.
Con ansia voraz, abrió el primer libro que el ordenador había terminado de descargar, 'Die wahre Erdes Geschichte'.
Después de echar una rápida mirada al contenido, se dio cuenta de que era la historia de los Renegados y de la Tierra.
Y decidió comprobar antes 'Universum' en busca de información.
El segundo libro era de pocos meses antes de su muerte, y Kat supuso que, en caso de esconder algún mensaje, el libro más indicado sería aquel.
Comenzó a leer con avidez, perdiendo la noción del tiempo y, cuando terminó, el sol ya se había escondido del todo por el oeste.

El libro narraba la historia de una joven que, por petición de su amigo y confidente, decidía casarse con el rey de un lugar lejano.
Su amigo, diciéndole que era un rey malvado, la convence para que tenga con él dos hijos, una mujer y un varón, que puedan heredar sus tierras y gobernarlas más justamente, y ella, a pesar de sus reticencias, cede ante la insistencia de su confidente.
Una vez asegurada la descendencia, el joven confidente, ya mostrándose como un ser despreciable, avaro y manipulador, ordena a la mujer que, sin más preámbulo, se deshaga del rey envenenándolo.
A pesar de que la joven reconoce las intenciones de su amigo, sabiendo que el joven no dudaría en matar a sus hijos si ella se niega a complacerle, decide mezclar en la bebida unos polvos de veneno.
Aquella misma noche, durante la cena, reconociendo las intenciones inevitables de su esposa, el rey invita a su mujer a beber ella también el vino.
A pesar de estar horrorizada por el miedo a la muerte, al ver que su marido le tiende una copa a su hija, acepta con un grito y le pide que al menos los niños no beban alegando que el vino es una bebida demasiado valiosa para compartirla con los pequeños.
El rey, complacido, brinda con ella y, mirándose a los ojos, beben la copa entera, cayendo pronto muertos sobre el empedrado de roca.
El hijo, ante la muerte de su padre, decide retomar el camino allá donde él lo dejara.
El antiguo confidente de la reina, viendo truncada su esperanza de un mundo mejor en sus tierras, decide retirarse con el juramento interno de volver algún día para terminar lo que la reina dejó a medio empezar.

Katrin se quedó unos minutos pensando en el contenido más profundo de la historia, buscando similitudes.
Reconoció en la joven reina a su madre, y en el malvado confidente al Renegado de esta.
Supuso que los hijos debían de ser Klaus y ella misma.
Supuso también que el malvado rey debía de ser su padre, pero no era un hombre realmente poderoso ni lo recordaba malvado, lo que desbarataba sus teorías.
¿Qué tacharía el Renegado de su madre como un ser malvado y poderoso?
La respuesta le vino enseguida a la cabeza: un Tailor.
-Y si el rey murió y su hijo heredó su trono...-murmuró para sí Katrin, terminando de atar cabos.
Se puso pálida al caer en la cuenta de lo que sucedía y, conteniendo las lágrimas, pronunció con voz rota:
-... Klaus es un Spike...
Oyó unas palmadas sarcásticas (porque a ella le sonaron así) detrás de ella, y giró la silla muy lentamente.
De pie, y con su sonrisa de vampiro, estaba Klaus.
-Bravo, Kat. Casi adivinas toda la historia-murmuró el joven sin dejar de aplaudir y acercándose a ella-. Sin embargo aún te quedan muchos cabos por atar, tendrás que darle tiempo.
Katrin estaba iracunda, aunque no entendía por qué.
'Bueno, sí, es un Tailor, pero él no mató a madre' razonó, tratando de ser objetiva para evitar lanzarse a su cuello.
-No te preocupes, cielo-susurró el joven, agachándose para mirarla fijamente a los ojos-. Nosotros seguiremos siendo una familia normal, o al menos tenemos que fingir que es así. De modo que finge que no me odias y yo fingiré como llevo haciendo desde hace algo más de un mes, ¿te parece?
Y le puso la mano en la cabeza con aire paternalista.
Kat no pudo más que asentir con la cabeza y empezar a llorar en silencio mientras su hermano salía del estudio tranquilamente.

sábado 19 de diciembre de 2009

Capítulo 9, Parte 3

Recordando su visión residual, caminó hasta el fondo de la habitación y abrió uno de los cajones.
Dentro había un montón de libros viejos, papeles, bolis... y al fondo, entre unos sobres de felicitaciones de navidad, encontró la carta.
Estaba cerrada, y no tenía sobre. Solamente ponía, con letras muy afiladas y estudiadas, Katrin.
La abrió con cuidado de no rasgar la carta del interior y, con emoción contenida, sacó el folio varias veces doblado.
Estaba escrita con la misma letra que la del sobre, la letra de su madre, en líneas perfectas una debajo de otra.

Katrin, cielo, si lees esto es porque ha pasado lo que me temía, y es que he muerto.
Supongo que esto retrasará tu crecimiento como Breaker, es posible que leas esto a los veintitantos años, o incluso que nunca lo leas.
Depende de si algún día se te ocurre plantearte fisgar en los recuerdos residuales de mi hermano.
Kat, cariño, siento no haber podido estar a tu lado mientra crecías.
He intentado estar contigo el máximo tiempo posible, pero, evidentemente, a los cuatro años no te he podido hablar de chicos, ni de sexo, ni de esas cosas que alguien habrá tenido que explicarte en mi lugar.
Pero no puedo dedicarte una carta de doscientas setenta y ocho folios como querría, porque no tengo tiempo. Dentro de poco volverá mi Renegado y él no debe leer esto.
Kat, mi niña... Nunca confíes en un Renegado plenamente.
Recuerda que son seres superiores, ellos tienen todas las de ganar. Nunca creas que les puedes vencer, si la suerte no está de tu lado, lo llevarás claro.
En esta historia son los buenos, pero... Me da la sensación de que no todo es como dicen...
Tú fíate de tu instinto, que pocas veces se equivoca. Y de los libros. El conocimiento y el instinto no tienen por qué ir reñidos.
Te quiero mucho, Kat, a ti y a tu hermano. Nunca lo olvides.
Adiós

Katrin releyó la carta varias veces, fijándose en cada detalle.
Lo de no confiar del todo en los Renegados, sinceramente, lo había descubierto ella sola.
No se podía confiar plenamente en nadie teniendo semejante poder.
Por lo demás, la carta no tenía nada extraño. Excepto quizá lo de los libros.
¿Se referiría a la Biblia con aquella frase? En realidad, no podía estar segura.
Su madre debía haber leído miles de libros a lo largo de su vida, y ella no tenía tiempo de leérselos todos.
¿Y aquello de 'doscientas setenta y ocho páginas' a qué venía?
¿Por qué aquella cifra exacta?
Decidió que aquello también era una pista.
-Genial. Tengo que buscar un libro de exactamente doscientas setenta y ocho páginas-repitió Kat en voz alta, para sí-. Eso reduce la búsqueda a varios cientos de libros.
Cogió la carta y, tras leerla por tercera vez, encendió una cerilla y prendió fuego a la hoja, que se redujo a cenizas en unos pocos segundos.
Salió de la habitación y cerró con llave tras de sí, dejándola luego en el armarito de la cocina.
En su interior seguía dándole vueltas a lo mismo.
La Biblia tenía más de aquellas páginas seguro, pero quizá alguno de los fragmentos que la formaban podría ser.
O quizá sería uno de los libros de su madre.
-¡Eso es!-exclamó Kat, sonriendo-. ¡Los libros de mamá!
Subió las escaleras de dos en dos y, en cuanto llegó al piso superior, caminó hacia el estudio, dispuesta a mirar en la estantería.
Sin embargo, las puertas de cristal verde pulido estaban cerradas con llave.
-Mierda, Klaus, te tenías que llevar la llave justo hoy-masculló Katrin, frustrada.
Se dio la vuelta y miró el ordenador.
-Hum... ¿Estará el libro en internet?-murmuró para sí.
Encendió el ordenador, dispuesta a comprobarlo, y abrió su usuario.
Sorprendentemente el ordenador no se colgó.
El internet se activó enseguida, y Katrin introdujo su búsqueda. En un momento encontró los libros de su madre Sophie y sus sinopsis.
Había dos libros de doscientas setenta y ocho páginas escritas por ella: 'Universum' y 'Die wahre Erdes Geschichte'.
Los puso enseguida a descargar, y la pantalla le anunció que tardaría una hora.
-¡Una hora!-exclamó-. Mierda, Klaus, ¿por qué te llevaste la maldita llave?

viernes 18 de diciembre de 2009

Capítulo 9, Parte 2

Katrin y Blaze fueron en autobús hasta la casa de ella, donde se despidieron con un beso en la parada.
Blaze tendría que coger un taxi, pero se empeñaba en que aquello no era un problema y que, con tal de verla, merecía la pena.
Y a Katrin le encantaba verle, de modo que había cedido enseguida.
Sacó las llaves del bolsillo pequeño de la mochila y las introdujo en la cerradura, que se abrió sin rechistar.
La casa estaba vacía.
Su hermano aún no debía haber vuelto de la Universidad, y su tío había pasado al turno de día para poder cuidar mejor de ella y su hermano.
-Hola-saludó de todas formas a la casa vacía.
Evidentemente, no hubo respuesta.
'Mejor' pensó. 'Sería preocupante que el frigorífico me respondiese'.
Después de quitarse una bufanda, que llevaba únicamente porque le sentaba bien y porque después de dos días sin llevarla al instituto habían empezado a preguntarle qué le pasaba, subió al piso de arriba y dejó su maletín en la habitación.
Se dio cuenta de que la ventana estaba abierta, y supuso que Alaric se había pasado por su casa.
-Vaya, vaya, vaya, qué cotillas se me ponen los Renegados-susurró con molestia y cerrándola de golpe.
Prefería que Alaric no estuviese presente mientras 'trabajaba' con su tío.
Oyó la puerta del vestíbulo cerrándose y sonrió. Era el momento de empezar a trabajar.
Bajó los escalones corriendo, y se encontró a su tío quitándose el abrigo y dejándolo en el clavo de la entrada.
-Hola, cari...-comenzó a decir.
Antes de terminar la frase, ya estaba bajo control.
Katrin había aprendido que no solo los Tailors eran capaces de controlar los vínculos, y había practicado con su tío durante un mes hasta controlarlo solo con estar a unos metros de él.
-Túmbate en el suelo-ordenó. Frank obedeció al instante, quedándose allí con los ojos muy abiertos-. Y ahora duérmete y no te despiertes hasta que yo lo ordene.
El hombre obedeció enseguida y su respiración se acompasó hasta caer rendido sobre los tablones de madera.
Vio el vínculo enseguida surgiendo del brazo derecho de su tío, sin necesidad de cerrar los ojos.
-Los Breakers de tercera podemos valer tanto o más que los de primera-susurró Katrin, sonriendo antes de tocar el vínculo.
Un montón de recuerdos pasaron de sus manos a su cabeza, y en segundos los seleccionó y buscó aquellos dedicados a sus padres.
Por suerte para ella, eran pocos. Antes de la muerte de ellos, su relación no había sido especialmente buena.
Enseguida encontró un recuerdo que le pareció el correcto.
En aquel recuerdo aparecía el estudio que en su día fue de sus padres y su tío, en un extraño estado de trance, guardando algo en un cajón.
Una frase sonaba en la cabeza de Kat/Frank con mucha fuerza, con una fuerza sobrehumana: 'Si hoy muero, coge esta carta y guárdala en el cajón de mi estudio. Espero que Katrin encuentre este secreto'.
Y el cuerpo reaccionaba ante aquella orden con rapidez y con movimientos rígidos.
El recuerdo se desvaneció enseguida ante sus ojos y Kat volvió al mundo real.
Se pasó la mano por la frente, como hacía de costumbre, pero se dio cuenta de que aquella vez ni siquiera había sudado.
-Despiértate, coge tu abrigo, sal fuera y vuelve a entrar. Acabas de volver del trabajo-ordenó Kat, poniéndose en pie al lado de su tío.
El hombre despertó enseguida y, obedeciendo, salió a la calle y volvió a entrar.
-Hola, cariño-saludó, dándole un beso a su sobrina-. ¿Qué tal el instituto?
-Bien, muy bien, tío Frankie. ¿Y tu día qué tal?-respondió ella, poniendo su sonrisa encantadora-. Ha sido muy cansado, ¿verdad? Vas a irte a tu habitación y dormir un rato, ¿a que sí?
El hombre, otra vez un poco incapacitado, asintió con la cabeza.
-Sí, ha sido un día cansadísimo. No hagas mucho ruido, ¿vale, Kat?-ella asintió con la cabeza y él le revolvió el pelo-. Eres una buena chica, cielo. Como tu madre.
Katrin se sintió un poco mal por un segundo, planteándose que quizás manipular a la gente de su entorno no era la mejor forma de ser feliz, pero el recuerdo que acababa de adquirir de su tío era demasiado initrigante para dejarlo de lado.
En cuanto oyó la puerta del cuarto de su tío cerrarse, caminó hasta la cocina y sacó una de las llaves del armarito.
Con cuidado de no hacer ruido, abrió la puerta chirriante del antiguo estudio.
Hacía tanto tiempo que no lo abrían que el suelo estaba cubierto de polvo, y Kat se puso a toser.
-Mierda... Tendré que decirle a tío Frank que...-comenzó a decir. Enseguida se dio cuenta de lo mal que estaba pensar así y se corrigió-. Tendré que limpiarlo uno de estos días. Sí, eso está mejor.

jueves 17 de diciembre de 2009

Capítulo 9, Parte 1

AA"Recuerdos residuales"

-Quiero buscar más recuerdos de mi madre-comentó Katrin poniéndose de pronto seria.
-¿Qué?-preguntó Alaric, extrañado-. ¿A qué viene eso?
-Si ese ángel vio a mi madre, otros también pudieron hacerlo. Quiero saber exactamente cómo murió-explicó Kat.
-Katrin, tu madre murió en aquel accidente de tráfico. No hay más que saber-insistió Alaric, poniéndose serio también-. Comprendo que quieras pensar que hubo algo más, pero no es así.
-Mi madre estaba enferma-explicó Kat.
-¿Y qué? Podía ser un simple resfriado, o unas migrañas, o cualquier cosa-continuó Alaric con vehemencia.
-Ahí es donde entra mi duda-replicó Katrin-. Mi madre tenía problemas con la sensibilidad y el concepto del tiempo. Y esos problemas entraban en los que podía tener un Breaker con daños cerebrales. ¿O no?
Alaric se vio forzado a asentir con la cabeza, aunque su cerebro trataba de buscar alguna réplica.
-Voy a buscar a la persona a quien mi madre pretendía liberar, Alaric. Contigo como sin ti-comentó Kat, plantándose definitivamente.
El joven se lo pensó un segundo y, con un respiro de resignación, asintió con la cabeza.
-Vale, vale, te ayudaré...-murmuró Alaric-. Pero sigo pensando que es una idiotez y que puedes acabar haciéndote mucho daño.
Katrin sonrió, sabiendo que ya había ganado la guerra.
Había pasado un mes entero dándole vueltas a lo que su hermano le había dicho y atando cabos, buscando algún hilo del que tirar.
Y cuando metió en la ecuación el hecho de que su madre era una Breaker y sus propios daños cerebrales, la solución se le planteó claramente.
Su madre pretendía liberar a algún Tailor, y eso la había llevado a la muerte.
Bien, pues ella se encargaría de liberarlo en su lugar.
Y a ser posible de la forma más dolorosa.
-Bien, ¿y por dónde crees que deberíamos empezar a buscar?-preguntó Alaric, bufando.
-Por los recuerdos residuales que puedan quedar en el vínculo de mi tío, evidentemente-respondió Katrin.
Alaric se mordió el labio inferior y desvió la mirada al suelo.
-No creo que sea buena idea liberar a tu tío, Kat...-comentó.
-¿Y por qué crees que no es buena idea, oh, Todopoderoso?-preguntó Katrin con sorna.
-Porque el vínculo de tu tío con su ángel es uno de los más resistentes que nunca he visto-explicó Alaric-. Antes de que digas algo así como 'yo puedo con cualquier vínculo', te diré que sí, que es posible que pudieses con él. Pero liberar por completo la mente de un tío que ve muertos y la faceta más horrible de la crueldad humana casi a diario... Probablemente acabaría como una cabra. O suicidándose. O ambas cosas.
Katrin se planteó un momento si merecía la pena arriesgarse a la muerte de su tío para recavar información, pero desechó la idea automáticamente.
-Bien, pero se puede fisgar en los vínculos sin romperlos-replicó Kat, recordando de pronto el vínculo de Joan y aquellas extrañas visiones que tuvo al tocarlo.
-Para eso hay que estar en contacto directo con el vínculo, y hasta para él sería muy raro verte haciendo eso-repuso Alaric.
-¿Por qué te gusta tanto intentar romper mis ilusiones?-se quejó Katrin, sonriendo-. Tengo mis trucos, por si no lo sabías. Esta misma tarde lo haré.
Alaric trató de adivinar a qué trucos se refería, pero supo enseguida que su amiga no se lo diría.
En el tiempo que llevaba con ella la joven había sufrido un cambio casi radical, apenas recordaba ya aquel vínculo tan claro y puro que tenía antes.
Ahora había un gran secreto en su interior al que Alaric no conseguía acceder, y empezaba a darse cuenta de que Katrin era muy buena manipulando a la gente.
'¿Me he vuelto a equivocar de persona?' pensó. 'No' se respondió enseguida. 'Esta vez tiene que salir bien, tengo que creer que ella podrá con esto. Y si no... siempre tendré más oportunidades en el futuro'.
Sonrió con despreocupación. Lo importante era que Katrin siguiese con su vida como si tal cosa de cara a los demás, y entrenase sus poderes de Breaker en secreto.
Aquello era lo único que importaba.
-Me voy con Blaze. Adiós.
La voz de Katrin le sacó de sus pensamientos y tuvo tiempo para despedirse de ella con la mano antes de que la joven se diese la vuelta y echase a correr hacia el brazo que su novio le tendía.
Katrin se sentía feliz. Pletórica. Completa.
Todo le salía bien, exámenes, su relación con Blaze, y sus poderes como Breaker no dejaban de sorprenderla.
Además, en cuanto había aceptado que su percepción del mundo nunca volvería a ser la misma, empezó a mejorar. Más de lo que debería.
El mundo a su alrededor de pronto se movía mucho más lento, pero ella podía moverse sin problemas. Aunque gracias a aquello había conseguido hacer quince segundos en la prueba de Gimnasia.
Sí, sin duda tenía razones para sentirse como se sentía.
Y en cuanto se vengase del Tailor por el que había muerto su madre, podría arrancarse la única espinita que quedaba clavada en su corazón.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Capítulo 8, Parte 8

Katrin esperó un par de minutos y, recordando su costumbre de ponerse zapatillas, bajó al salón, donde ya estaba Klaus tumbado comiendo galletas.
-Buenos días-saludó Katrin mirándole desde la puerta del salón.
Klaus respondió saludando con la mano y encogiendo las piernas para hacerle un hueco a Kat en el sofá, en el que ella se dejó caer.
Estaba exhausta de la caída y sus huesos debían estar destrozados, aunque no se quejasen.
-¿Cansada tan pronto?-preguntó Klaus con una galleta en la boca.
-Ha sido una noche movidita-respondió Katrin-. Estoy tan cansada que no sé ni por qué me he levantado hoy de la cama.
Klaus sonrió y le quitó un mechón de pelo de la cara.
-¿Tan movidita que acabaste bañándote en nieve?-preguntó, sosteniendo un trocito de escarcha que tenía adherido al pelo y que se derritió enseguida.
-Me he asomado a la ventana-improvisó Katrin enseguida-, y... La escarcha del tejado... Me cayó encima.
La explicación pareció convencer a Kalus, que asintió con la cabeza y se centró en sus cereales.
-Oye, Klaus...-el joven la miró de nuevo-. Tú... ¿no los echas de menos?
-¿Echar de menos a quienes?-preguntó Klaus, dejando las galletas en el suelo a su lado.
-A papá y mamá-explicó Kat.
Aquellas palabras no se le daba bien pronunciarlas, las sentía oxidadas de no usarlas durante tanto tiempo.
Klaus tardó un rato en responder.
-No, no los echo de menos-respondió al fin-. Sé que estarán en un lugar mejor para ellos, y no me puedo quejar de mi vida actual.
A Kat no le sorprendió aquella respuesta, su hermano era un tío inteligente y funcional. El mundo, a su entender, se reducía a lógica.
-Ya, pero... No sé, los sigo echando de menos-explicó Kat.
Notó una especie de pinchazo, pero no le hizo mucho caso, porque de pronto el mundo le parecía mucho más bonito.
Era el efecto que producía tener a Klaus cerca.
Y en aquel momento Klaus estaba abrazándola.
-Kat, no te preocupes. No podemos recuperarlos, pero mamá estaba muy enferma y papá lo pasaba muy mal por ella. Fue lo mejor para los dos-le susurró su hermano al oído.
-¿Muy enferma?-preguntó Katrin.
Nunca había oído que su madre estaba enferma cuando tuvieron el accidente.
-Sí. Tenía horribles jaquecas, y lo mismo pasaba de sentir frío a asarse en un segundo. Y eso cuando no se pasaba horas enteras callada mirando al vacío-explicó Klaus, acariciándole la cara-. En aquel mismo momento estaban yendo al hospital para que un médico la viese.
Aunque Katrin se sentía bien, porque el sentimiento seguía persistente, un par de lágrimas le salieron de los ojos y Klaus se las secó.
-No llores, Kat-murmuró él, abrazándola de nuevo-. Sabía que iba a morir y por eso se encargó de salvarte recibiendo ella todo el impacto. Te quería mucho, Katrin. Muchísimo.
Klaus no lloraba, porque él nunca lo hacía.
El día que sus padres habían muerto no había llorado, y después de aquello no volvió a hacerlo.
-Te quiero mucho, lo sabes, ¿verdad, Klaus?-susurró Kat, abrazándole.
-Sí, lo sé, pequeñita... Y siempre estaré aquí para cuidarte-le respondió él, devolviéndole el abrazo.
-Gracias. Necesitaba un abrazo, las cosas han cambiado demasiado últimamente-susurró Kat, sonriendo un poco.
Al instante se dio cuenta de su error y empezó a pensar una excusa.
-¿Hablas del instituto?-preguntó Klaus, echándole un salvavidas al que Katrin, por supuesto, se agarró.
-Sí, exacto... Es todo tan difícil...-susurró Kat.
-No te preocupes, poco a poco nos acostumbramos a todo-respondió Klaus, apartándose y levantándose.
-Sí, supongo que sí...
Klaus recogió sus galletas y se dirigió a la cocina, pero antes de salir del salón se dio la vuelta y, sonriendo, dijo:
-Por cierto, tu novio Blaze está muy bueno. Ten cuidado no te lo roben.

martes 15 de diciembre de 2009

Capítulo 8, Parte 7

-Entonces, ¿reconoces que podría gustarte?-inquirió Katrin, sonriendo pícaramente-. Siempre he querido tener un amigo gay.
Alaric puso los ojos en blanco y se recostó sobre el sillón para ponerse cómodo.
Katrin había aprendido que aquella era su postura para pensar.
-No lo sé, sinceramente-respondió Alaric-. Técnicamente, los cambios de ser un ángel a ser un Renegado son limitados y no incluyen la capacidad de enamorarse, pero tampoco está en nuestra naturaleza esa evolución, así que siempre sería posible.
Katrin le miró con cara de estarle entendiendo.
-Ahá... ¿Y en cristiano eso significa...?-preguntó cuando hubo terminado.
-Que es posible, aunque no probable-respondió Alaric, encogiéndose de hombros-. Tampoco me importa demasiado, no me puedo permitir enamorarme de un ser humano. Moriría mucho antes que yo.
-Yo creo que sí que podrías enamorarte de alguien. Al fin y al cabo, eres corpóreo, mientras que los ángeles son invisibles-comentó Katrin-. Eso es, desde luego, un cambio sorprendente.
-Los ángeles no son invisibles-replicó Alaric, mirándola seriamente.
-¿No? ¿Y por qué el de Wolfang sí lo era?-preguntó Kat, interesada de pronto.
-Verás, los Renegados, cuando decidimos abandonar a Dios, nos vinimos a la Tierra con cuerpos incluidos para huir de él. Los ángeles nunca abandonan Abbise del todo, solo su espíritu. Se diría que en Abbise quedan sus cuerpos muertos y aquí vienen sus almas, para en caso de emergencia poder volver allí en milésimas de segundo-explicó Alaric, tratando de ser claro.
-¿Milésimas de segundo? ¿No decías que Abbise está en el centro del Universo?
-Sí, casi en el mismo centro-confirmó Alaric-. Pero el espíritu, libremente, puede viajar a muchos millones de veces la velocidad de la luz. Es más rápida que una radiación, y evidentemente más ligera que nada que el hombre conozca, y eso influye en la velocidad.
-Pero vosotros viajásteis con cuerpo. Tendríais que haber tardado millones de años-comentó Kat, tratando de hacer una aproximación rápida mentalmente.
-No te creas-repuso Alaric-. Una vez salimos al Espacio, estas alas son capaces de desplazarse a bastante más de treinta mil veces la velocidad de la luz-contestó, señalándolas con una mano-. No es como viajar mediante el alma, pero es rápido.
-Más de treinta mil veces la velocidad de la luz...-pensó Kat-. Entonces, si el centro del universo está a... Ehms... ¿Treinta y poco mil años luz de la Tierra?...-Alaric asintió con la cabeza-. ¿Tardasteis un año en llegar aquí?
-Para nosotros es poco-respondió Alaric, encogiéndose de hombros-. Pero tardamos algo menos, porque estabamos huyendo de Dios. Tardamos apenas un mes y medio humanos.
-Hum... ¿Se podría viajar más rápido aún?-preguntó Katrin, extrañamente interesada-. Es decir, supongo que vosotros apenas tuvisteis tiempo para preparar vuestros cuerpos porque usabais más el espíritu, pero hoy en día, tras tantos años de usar el cuerpo... ¿No se podría llegar antes?
Alaric se quedó un momento pensando si sería posible antes de responder.
-Sí, supongo que lo sería. Quizá se podría hacer en... Tres días de vuelo continuo sin sueño para llegar allí, pero eso sería casi un suicidio. Entrar en Abbise cansadísimo sería como entrar en la guarida del lobo bañado en sangre reciente-concluyó Alaric.
-Hum... ¡Qué pena!-se quejó Kat-. Quería ver Abbise algún día...
-¿Cómo pensabas hacerlo?-preguntó Alaric-. Yo soy el que puede viajar a esa velocidad, no tú.
-Esperaba que llevases una cámara e hicieses fotos-respondió Katrin, sonriendo inocentemente.
-Se desintegraría-explicó Alaric-. A esas velocidades, hasta la ropa se reduce a cenizas.
Katrin asintió con la cabeza. El joven movió la cabeza imperceptiblemente hacia la puerta y se dirigió a la ventana.
-Tu hermano ya se ha despertado-susurró antes de saltar por la ventana.

lunes 14 de diciembre de 2009

Capítulo 8, Parte 6

Una idea cruzó por la mente de Katrin antes de caer al suelo.
Quizá el de la moto era Alaric y estaba a punto de aparecer para levantarla en el aire.
Sentir el suelo chocando contra sus huesos bastó para quitarle de encima aquella ridícula idea.
Alaric no era omnipresente.
Se sorprendió siendo capaz de pensar con lucidez a pesar de que estaba segura de que tenía que haberse roto algo.
A lo mejor eran sus últimos instantes de lucidez antes de morir.
Se quedó quieta, tumbada, respirando lentamente esperando dormirse del todo, pero al cabo de un par de minutos se dio cuenta de que aquello estaba siendo demasiado largo para estarse muriendo y decidió levantarse.
Notó que sus piernas seguían respondiendo sin problemas, y sus brazos igual, y se incorporó lentamente.
Su brazo derecho funcionaba peor de lo normal, y lo miró de reojo.
El hueso no llegaba a asomar, pero era evidente que, cuando menos, se lo había dislocado.
Buscó el dolor en algún punto de su cerebro, pero no estaba presente.
Sin embargo, encontró las palabras de Alaric: aquellos daños cerebrales podrían afectarle al sentido del tacto.
Y si le afectaba al tacto, bien podría afectarle al sentimiento de dolor.
Terminó de hacer inventario con su cuerpo, y excepto unos cuantos raspones y un par de heridas no le había pasado nada.
Miró fijamente su hombro de nuevo y se sonrió.
'¿Qué pasaría si...?' comenzó a pensar.
Antes de terminar la frase ya se estaba agarrando el brazo y recolocándoselo bruscamente.
El dolor no llegó a hacerse sentir más de medio segundo y el brazo volvió a su lugar, aunque la circulación y la capacidad de moverlo la fue recuperando paulatinamente.
Decidió entonces comprobar los daños materiales.
El jersey blanco ya no era blanco, y tenía varios agujeros, y los pantalones estaban manchados y llenos de cortes. El móvil.
-¡Mierda!-exclamó, sacando los restos de su móvil.
Apenas quedaban los circuitos y un poco de la carcasa, casi completamente destrozada. El cristal de la pantalla también estaba hecho añicos.
-Por favor, que la tarjeta haya sobrevivido, por favor, por favor...-suplicó mientras desmontaba los restos de su móvil para llegar a la zona de la tarjeta SIM.
Por suerte para ella, había sobrevivido, y se permitió un suspiro de alivio.
-¿Estás bien?-preguntó una voz detrás de ella.
-Sí, estoy bien, Alaric-respondió Kat mirando al joven-. He de suponer que tú eras el que conducía la moto que he oído, ¿no?
Alaric asintió con la cabeza, acercándose y mirándole de cerca el hombro.
-Te has arreglado el brazo bastante bien-comentó, moviéndoselo con cuidado-. ¿No sientes dolor?
-No-confirmó Katrin-. ¿No podías haber llegado un segundo antes?
-La verdad es que ni siquiera tenía razones para estar aquí-repuso Alaric, encogiéndose de hombros-. Simplemente me apetecía visitarte, no tenía intención de salvarte la vida.
-También es cierto-aceptó Katrin-. ¿Crees que puedes subirme a mi cuarto antes de que se despierten mi tío y mi hermano?-preguntó, señalando a la ventana.
-¿No quieres que vayamos al hospital para estar seguros de que estás bien?-preguntó Alaric.
-Nah, no creo que sea nada. Y tampoco quiero que las pruebas muestren unos inexplicables daños cerebrales que no podría explicar-repuso Kat, agarrándose a Alaric para que la subiese a su cuarto.
Alaric extendió sus alas y las batió lentamente hasta que se levantaron unos milímetros del suelo, y luego más rápido hasta llegar a la ventana de Kat, donde la depositó con cuidado.
Rápidamente, Katrin se metió en su habitación y se quitó el jersey y los vaqueros, escondiéndolos debajo de la cama, y se puso de nuevo el pijama.
-En cuanto oigas a mi hermano levantándose, avísame para que salga, si no es mucha molestia-pidió Katrin mientras se tumbaba sobre la cama aún deshecha.
-Sí, claro, no hay problema... Hoy me ha llamado Ahren, quizá te apetezca que vayamos a visitarle esta noche-ofreció el joven, sentándose en una silla.
-¿No podría ser mejor mañana por la mañana? Esta noche planeaba dormir y descansar para recuperar sueño-explicó Katrin.
-Ah, sí, bueno... No creo que le importe demasiado, supongo. Con un poco de suerte mañana estarás menos cansada-aceptó Alaric, un poco decepcionado.
-No es necesario que vaya yo para poder ir tú, ¿eh?-comentó Kat.
-¿Qué quieres decir?-preguntó Alaric, levantando una ceja.
-Que parece que Ahren te mole y que quieres visitarlo todo lo que puedas-respondió Kat seriamente.
-No creo que pueda molarme, los ángeles no tenemos capacidad para enamorarnos-repuso Alaric poniendo los ojos en blanco.
Katrin sonrió.
-Pero tú ya no eres un ángel-contraatacó, sin dejar de sonreír.
-Touche-aceptó el joven, sonriendo también.

sábado 12 de diciembre de 2009

Capítulo 8, Parte 5

Tras media hora de paseo por el parque y de conversaciones insustanciales, Kat empezó a notar que Blaze bostezaba mucho y que estaba cansado, aunque tratase de ocultarlo.
-Blaze, te vas a caer redondo aquí mismo si no duermes-comentó cuando volvió a bostezar.
-No digas bobadas, tranqui... Yaaaawn... Tranquila-replicó él, aunque el bostezo hizo que la frase perdiese gran parte de su fuerza y seguridad.
-Vamos ahora mismo a tu casa-ordenó Katrin, dirigiéndose a la puerta metálica del parque que le quedaba más próxima.
Blaze la siguió sin rechistar, porque en su fuero interno reconocía que realmente necesitaba descansar urgentemente.
-¿Dónde vives?-preguntó Kat al llegar a la calle.
-En el 'Saint Justice'-respondió Blaze, conteniendo otro bostezo-. Es un internado. Mis padres viajan mucho, así que es la única opción.
-Entiendo... ¿Y dónde queda el 'Saint Justice'?-preguntó Kat, contando los billetes que había cogido por si acaso y que había guardado arrugados en su pantalón.
-En la Meeresarm Straβe-respondió Blaze, sacando su cartera, que contenía muchos más billetes de los que tenía Kat.
-Pero... ¿Esa no es una autopista?-preguntó Kat, extrañada.
-Algo así. El colegio está plantado en el medio y medio de la nada, y tiene un pequeño desvío para poder entrar y salir. Tiene contratada una línea de autobuses para salir por las tardes por la ciudad, pero nada para los fines de semana-explicó Blaze, sacando cuatro billetes de diez euros-. Tendré que pagarle un extra al taxista para que me lleve hasta allí, supongo. Si es que sabe llegar.
El joven detuvo un taxi solitario con solo levantar la mano porque a esas horas el negocio aún iba un poco flojo, y después de despedirse de Katrin con otro beso, se metió en el coche y le indicó la dirección al taxista.
Kat esperó a que el coche doblara la primera esquina y, con paso lento, volvió dentro del parque y salió por otra de las puertas metálicas que quedaba más cerca de su casa.
Cuando llegó a casa se dio cuenta de que, con las prisas, había olvidado coger llaves de casa y maldijo por lo bajo.
No había nadie despierto para abrirle la puerta, y tampoco era plan de despertar a nadie, así que solo le quedaban dos opciones: morir por congelación sentada en el porche leyendo, o colarse por algún sitio.
Así que Kat rodeó la casa lentamente, buscando alguna ventana abierta, pero solo la suya lo estaba.
Y para entrar por la suya tendría que escalar por la tubería.
Se planteó un momento si morir congelada sería tan horrible y luego rodeó la cañería con ambas manos y de un saltó subió unos cuantos centímetros.
La tubería de metal estaba muy fría, pero a Katrin aquella sensación le llegaba muy aligerada, así que no tuvo la tentación de retirarlas y caer.
Siguió subiento lentamente, apoyándose en los ladrillos y en cualquier otra cosa.
Para cuando había alcanzado la altura de dos metros, sintió que el mundo empezaba otra vez a moverse a toda velocidad a su alrededor.
'No había mejor momento, ¿eh?' se quejó mentalmente, tratando de cerrar los ojos para que el 'movimiento' no la distrajese.
Empezó a notar que le dolían los brazos, pero si se ponía a descender seguramente resbalaría, así que siguió adelante. Bueno, hacia arriba.
Rezó porque las clases de gimnasia tuviesen alguna utilidad práctica en situaciones como aquella y porque sus brazos hubieran conseguido algo de músculo en las dos semanas escasas que llevaba yendo al instituto.
Le pareció oír una moto en algún lugar de la calle.
Luego, unos cuantos coches.
Empezó a pensar qué hora sería, pero contuvo la tentación de mirar su reloj de pulsera.
Ya habría tiempo para eso cuando estuviese a salvo en su habitación.
Por fin, cuando sintió que podía alcanzar el alfeizar de su ventana con estirar la mano, se relajó un poco.
Lo había conseguido.
Así que siguió subiendo lentamente por las cañerías hasta que llegó al nivel del alféizar y, rogando porque los brazos aún le respondiesen, dio un pequeño salto y quedó colgando de su ventana.
Desgraciadamente, los brazos ya no le respondían, y la caída fue rápida y, por lo que pudo adivinar Katrin, lo más probable es que fuese mortal.

viernes 11 de diciembre de 2009

Capítulo 8, Parte 4

Katrin pensó que la sensación era como salir volando del suelo a toda carrera y dejarse mecer por el aire, pero entonces se dio cuenta de que eso ya lo había hecho y no se parecía en nada a lo que sentía en aquel momento.
Decidió que, más bien, lo que sentía era como si se estuviese dividiendo en billones de átomos y se mezclase con los de Blaze.
Sí, aquello debía ser más exacto.
Cuando por fin se separaron se miraron un momento a los ojos y desviaron la mirada, avergonzados.
Kat se dio cuenta de que acababa de besar a un completo desconocido, cosa que no creía ser capaz de hacer nunca, y Blaze...
Bueno, Blaze simplemente nunca había besado a nadie, así que no sabía cómo describir cómo se sentía.
Y el silencio incómodo tampoco ayudaba mucho.
¿Qué podían decir?
Así que siguieron caminando por el parquecito, avanzando entre columnas de árboles cubiertos de escarcha, manteniéndose bien juntitos a pesar de la vergüenza.
Por fin, Katrin decidió hablar.
-Bueno, Blaze, y... Eh... ¿En qué instituto estudias?-preguntó.
'Dios... ¿Qué clase de pregunta estúpida es esa?' pensó nada más pronunciar las palabras.
-En el 'Saint Justice', en las afueras de la ciudad-respondió Blaze, más cómodo con el tema de conversación-. Es un colegio inglés, mis padres son americanos, así que...
Katrin asintió con la cabeza, y se hizo otro silencio incómodo.
A pesar de la ilusión que le hacía a Kat haber besado a Blaze, cosa que quería hacer casi desde que le conocía, se sentía incómoda por haberlo hecho.
Ahora todo era mucho más difícil, y eso de por sí era difícil.
-¿Sabes? Nunca había estado con nadie antes que contigo-comentó Blaze distraídamente.
-Vaya, pues no lo sabía. Suponía que eras el típico Casanova que se trae a las chicas de calle-respondió Kat, aunque su interior estaba más centrado en las palabras del joven.
'Estado con nadie antes que contigo'. ¿Quería eso decir que ahora estaban juntos?
Sí, no podía significar nada más.
-No, en realidad soy bastante tímido-respondió Blaze, sonrojándose otra vez-. Y además, como tampoco soy guapo ni esas cosas que las chicas suelen buscar...
Katrin le dio un puñetazo en el hombro con el codo, suavemente.
-No seas idiota, estás muy bien-repuso ella, sonriéndole.
Blaze sonrió también.
-¿Y tú? Con lo mona que eres, seguramente habrás estado con bastantes chicos...
Katrin pensó un momento si fingir ser completamente 'casta y pura' o ser sincera.
Decidió que lo mejor era empezar la relación con pie derecho y se decantó por lo segundo.
-Bueno, hace poco estaba saliendo con uno de mis mejores amigos de siempre, y antes de él ha habido un par de chicos, pero no demasiado. Tampoco soy tan guapa como dices.
Blaze sonrió con ternura y le besó en la frente con cariño.
-Para mí tú eres mil veces más guapa que cualquier ángel en todo Ab... en todo el cielo-respondió Blaze.
El cerebro de Katrin oyó perfectamente que había comenzado a decir algo antes de decir cielo, pero estaba demasiado embobada mirándole a los ojos como para darse cuenta.
-Buenos días, Katrin-saludó una voz masculina detrás de ellos.
Kat reconoció la voz de Herr Schultern y se dio la vuelta para saludarle.
-Hola, Herr Shultern-respondió ella, tratando de ser amable-. Le presento a Blaze. Blaze, este es Herr Schultern, mi vecino.
Los dos se estrecharon las manos con fuerza durante un segundo, y el hombre se quedó mirando fijamente los ojos del joven.
Katrin supuso que se había dado cuenta de lo bonitos que eran y no le dio importancia.
Blaze le sostuvo la mirada y, después de un rato, Herr Schultern sintió un escalofrío y, tras una atropellada disculpa, se marchó en dirección a su casa encogiendo la cabeza y andando rápido.
-¡Qué raro se comporta todo el mundo últimamente!-comentó Kat, girándose de nuevo para seguir andando.
-Ya ves... Creo que no le caigo bien a tu vecino-comentó Blaze, andando a su lado.
-Bah, el pobre es ya mayor y tiene unos principios un tanto anticuados-contestó Katrin, quitándole importancia con un gesto-. Pero no te preocupes por él, nunca diría nada. Creo que me adora porque le recuerdo a su esposa. La pobre murió muy joven, apenas tenía veinticinco años, y el hombre quedó bastante tocado.
Blaze asintió con la cabeza, asimilando la información sin mucha atención.
-Si su mujer era solo la mitad de guapa que tú, comprendo que se quedase tocado-contestó el joven, sonriéndole con dulzura y dándole un beso travieso en la comisura de los labios.
Katrin se dejó besar y sonrió.
Gracias al cielo que Volke la había dejado, porque si no tendría que fingir que se sentía mal por hacer aquello.